LAS ACTIVIDADES EN LA NATURALEZA DURANTE EL FRANQUISMO. LOS CAMPAMENTOS DEL FRENTE DE JUVENTUDES – 1

Manuel Vizuete Carrizosa

MANUEL VIZUETE CARRIZOSA

Maestro de Enseñanza Primaria – Licenciado en Educación Física – Licenciado en Geografía e Historia – Doctor en Historia Contemporánea. Catedrático de Universidad. Líneas de Investigación: Didáctica de la Educación Física. Producción Materiales Didácticos para la Educación Física Escolar. Historia y Filosofía del Deporte y de la Educación Física. Formación del Profesorado de Educación Física. Fundador de La European Union Physical Education Associations (EUPEA) Comité de Expertos del Consejo de Europa (EF, Deporte Escolar y Deporte para Jóvenes) Coordinador del Foro Hispano mexicano.

 

LAS ACTIVIDADES EN LA NATURALEZA DURANTE EL FRANQUISMO.

LOS CAMPAMENTOS DEL FRENTE DE JUVENTUDES – 1

 

Antecedentes y justificación.

El concepto de actividades en la naturaleza con sentido educativo, aportado como novedad o descubrimiento por las organizaciones ecologistas no es nuevo en el panorama educativo europeo y occidental, antes al contrario, el planteamiento actual de cuidado y protección a ultranza de la naturaleza mediante actividades organizadas para ello, al centrar la atención sobre los animales, las plantas y el medio ambiente, desde un planteamiento de acusación social permanente y con evidente intencionalidad política, en la mayoría de los casos, desenfocan el verdadero planteamiento de lo que debe ser la atención y el cuidado del medio desde la dimensión humana del propio medio ambiente. En este sentido, las organizaciones ecologistas no solo no han planteado ningún modelo educativo del ser humano, como especie que vive en la naturaleza, sino que cuando lo hacen es, desde planteamientos urbanos y políticos, que nada tienen que ver ni con la educación ni con la naturaleza.

Las actividades en la naturaleza, como parte de la educación física, no son una aportación específica de la teoría franquista. Las actividades en la naturaleza, como sabemos, están dentro del planteamiento educativo de la educación física, desde la idea del ejercicio físico como medio de educación planteada por Rousseau. La novedad, en este caso, viene representada por el tratamiento otorgado por el Frente de Juventudes, a la educación física que incluye a las actividades en la naturaleza como uno de los ámbitos específicos en los que se desarrolla según sus contenidos:

  1. Educación física en el centro educativo. Como educación reglada a la que se añade la iniciación deportiva.
  2. Práctica deportiva competitiva. Organizada en los Hogares del Frente de Juventudes y desarrollada en instalaciones específicas, no necesariamente escolares, proporcionadas por el Frente de Juventudes.
  3. Actividades en la Naturaleza o Campamentos. Organizadas desde los Hogares del Frente de Juventudes y desarrolladas en la naturaleza, con reglas, pautas y contenidos educativos específicos.

Desde esta concepción de la educación física, diferenciamos los diferentes ámbitos en que la sitúa el Frente de Juventudes: docencia de la educación física, deporte escolar y campamentos, todos ellos convergentes en dos elementos esenciales: el profesor o instructor del Frente de Juventudes y el alumno de enseñanza media o profesional, de tal manera, que el mismo alumno coincidía con el mismo profesor en tres ambientes distintos: colegio, medio urbano y actividades en la naturaleza o de aire libre. Siempre con la misma filosofía educativa y los mismos planteamientos o formas de hacer. A ello, hay que añadir la condición de voluntariedad del alumno en cuanto a su participación en los ámbitos no escolares.

El origen de las actividades educativas en la naturaleza y la sensibilidad por la educación y la vida en el medio ambiente, de forma técnicamente organizada, es el escultismo. La vuelta a la educación en la naturaleza toma cuerpo de nuevo en la filosofía del movimiento scout. Organización de ámbito mundial y de fines altruistas, creada por Robert Badem Powell tras finalizar su servicio como oficial del ejército colonial británico en la India. Las obras de Kipling, parecen estar, igualmente, en el origen de este movimiento que se difunde y extiende rápidamente por todo el mundo.[1]

En cuanto a su inclusión como actividad educativa en los currículums de educación física, el origen de las actividades educativas en la naturaleza, en la educación española contemporánea, arranca de los planteamientos educativos interdisciplinares y de educación para la vida, planteados por la Institución Libre de Enseñanza con el nombre de excursionismo[2] .

Estos contenidos aparecen así denominados, de forma expresa, en las primeras obras de educación física de influencia educativa institucionalista, en tanto que, las obras procedentes o influenciadas por la Escuela Central de Gimnasia del Ejército no les prestan ninguna atención.[3]

La entrada del movimiento scout en España se produce de la mano de la Iglesia[4], en una acción mediante la cual, las organizaciones religiosas como defensa o alternativa a la amenaza liberal, plantean, desde la base, un modelo educativo para el tiempo libre que se concreta en el movimiento scout. Un modelo ideal para el trabajo con los jóvenes de forma permanente y continuada, desde una escala de valores coincidentes, o asumibles, en su mayor parte, con los de la propia Iglesia. De esta formación inicial proceden los principales autores, de la teoría y de la práctica, de los campamentos del Frente de Juventudes, como lo señala Aureo Gutiérrez Churruca, reconocido como el autor de esta obra en el régimen de Franco:

Yo procedía de los “exploradores”, como casi todos los que actuamos en esta primera etapa de los campamentos juveniles. Conocí personalmente a Badem Powell en Santander y también  volví a saludarlo otra vez en un “Jamboree” celebrado en Londres en el “Olimpia-Circus”. El escultismo, que partió de Inglaterra se extendió por Europa y tuvieron secciones católicas Francia, Holanda, España, etc. Nosotros éramos católicos”. [5] 

Sobre una orientación originalmente educativa, es sobre sobre la que se vertirán, especialmente durante la primera época y hasta el final de las Falanges Juveniles de Franco, elementos de corte fascista o paramilitar, que permanecen en la actividad de campamentos, mucho más presentes que en ninguna otra parcela del Frente de Juventudes, durante más largo tiempo. El apoyo prestado en sus orígenes, especialmente durante la guerra civil por el régimen de Franco, tiene una finalidad propagandística y asistencial, correspondiente con las actuaciones similares del Socorro Rojo Internacional sobre los niños sin padres o sin hogar del bando republicano.

Colonias infantiles SR

Lo que realmente distingue a la organización de estas actividades, que como vemos son anteriores al propio Frente de Juventudes y de hecho son su embrión inicial, es su voluntad constructora y de formación de dirigentes propios en beneficio de la organización, idea esta, en parte heredada del escultismo, pero que también tenía su réplica en las Juventudes Hitlerianas de Baldur Von Schirac. La procedencia declaradamente católica de los fundadores, es la que refuerza la línea educativa en sentido humanista, haciéndola independiente de la circunstancia bélica o de la coyuntura política, como así lo reconoce el propio Churruca:

El primer turno de campamento que mandé tuvo lugar en Cóbreces (Santander), en 1937, en plena guerra. Los acampados procedían de las zonas liberadas: Santander, Valladolid, Zamora, Salamanca, etc. Teníamos una emisora que comunicaba con Burgos.

Anteriormente estuve en Fuentes Blancas: primer curso para jefes de campamento. Allí expuse mi nomograma sobre lo que debía ser un campamento juvenil, realizado con visión pedagógica más que con intencionalidad “político-decorativa”. Eran los primeros momentos de esta actividad en España y existía una gran desorientación y confusionismo. También mandé el primer Curso Nacional para jefes de Escuadra en El Escorial.

Me resultó un poco difícil tratar de señalar en aquellos primeros momentos, que lo fundamental de un campamento no eran los desfiles, ni los fusiles de madera, ni los saludos militaristas, ni las cosas aquellas que se estilaban, sino un verdadero sentido pedagógico y educativo, integral. Hacía falta convertir al campamento en una auténtica escuela de ciudadanía y de virtudes sólidas, y no que fuese una verbena patriotera o una “parada militar” realizada con niños.

 Había que inventarlo casi todo. Decían que estaba loco cuando me veían por el jardín del hospital, donde estaba de médico, con cuerdas y palos, haciendo medidas……… Estaba preocupado con la tienda de escuadra.  Por fin conseguí diseñarla  y mandamos que confeccionasen las primeras en Bilbao. Solo me falló el color. En un principio las hice de color verde, que es un color sedante; la luz blanca impide el descanso durante el dia. Pero queda más decorativa de color blanco.[6]

Los organizadores de los campamentos y autores del planteamiento educativo eran personajes pedagógicamente avanzados, probablemente demasiado para su época. La coincidencia del factor de necesidad, la oportunidad y la disponibilidad de medios y de una infraestructura mínima, posibilitó el desarrollo de una filosofía educativa en la que las diferentes acciones convergentes determinaron el desarrollo de un experimento pedagógico español de altos vuelos, que por su identificación, a nivel de la calle, con el régimen franquista, corre un peligro cierto de caer en el olvido. Planteamientos de adoctrinamiento político aparte, las ideas y la escala de valores sobre las que se asentaba la formación de los jefes y de los dirigentes de los campamentos, fue determinada por otro explorador, de origen, llamado Roberto Cuñat, auténtico avanzado en la formación pedagógica de los educadores de tiempo libre:

La peculiaridad del buen jefe de campamento, suponiendo existentes en él las cualidades mínimas en el orden pedagógico – ante todo, saber dar un continuo y permanente ejemplo personal, creo que reside en sacar el máximo fruto de dichos estímulos extraordinarios que tiene la convivencia al aire libre. Y que, por lo tanto no son frecuentes en la escuela, en el colegio o en la familia.

   Primer factor extraordinario del campamento para la mayoría de los chicos es descubrir que muchas cosas juzgadas imprescindibles durante los días normales del año, no lo son tanto.

   Segundo factor extraordinario del campamento es la sucesión de quehaceres en  equipo……………………… Claro es que para ello la Jefatura ha de ejercerse no tanto “sobre” los acampados como “con” ellos, en el sentido de establecer con ellos dichos  dichos quehaceres comunes, siempre, naturalmente, según su edad y procedencia. El buen jefe de campamento sabe que aun siendo esto mucho menos cómodo y menos satisfactorio para cierto tipo de vanidad personal que el impartir órdenes a una masa de acampados en permanente actitud de pasividad, es sin embargo la clave del buen mandar. Que consiste en elevar y en desarrollar según sus posibilidades a los que se nos confían, bien sea en el campamento, en la fábrica o en la oficina..[7] 

Este mismo pedagogo de los campamentos escribe, muchos años después, con perspectiva suficiente sobre su obra, valorando los resultados con una gran visión de futuro, para la época y el lugar donde se publica:[8]

Yo diría que la principal enseñanza es la permanente necesidad para nosotros , españoles, de una humilde adaptación de la mente a la realidad de las cosas, de los hechos tal como son.

La realidad para un mando de juventudes es, por encima de todo, el muchacho español tal como es, con sus fallos y defectos, pero también con sus inmensas posibilidades cuando se le comprende y se le eleva.

Creo que por haber trabajado más sobre la realidad que sobre esquemas mentales preestablecidos es quizás por lo que aún hoy encontramos que nos sirven normas y principios que se escribieron y pusieron en práctica para los campamentos hace casi veinte años.

Hoy más que nunca hay que ser realistas, captando no solamente la realidad de lo que piensan y sienten nuestros hijos en 1960, sino también lo que sucede en otros países en los que se está desarrollando una revolución tecnológica, económica y social, cuyo ritmo vertiginoso y cuyas implicaciones quizás no hemos comprendido aún del todo en España, pero que, ciertamente no pasan desapercibidas a los miles de trabajadores y de estudiantes que ya están saliendo de España.

Creo que solo en la medida en que seamos capaces de ilusionar a los jóvenes en función de estas realidades, proponiéndoles un quehacer español dentro de la comunidad europea -que ya es un hecho, por lo menos socio-económico-, nos escucharán y respetarán. Afortunadamente no miran hacia atrás sino hacia adelante. También nosotros, que volvemos nuestra vista veinte años atrás, recordemos lo hecho, pero no para complacernos, sino para ver más claramente hacia adelante.

A caballo entre los pedagogos escultistas y los políticos que promueven los campamentos, se encuentra otro organizador eficaz que dedicó prácticamente toda su vida a esta obra, Joaquín Villegas Riancho, de quien hemos hablado en otro capítulo, valoraba lo que habían sido los campamentos y recordaba a los personajes que los habían creado, pensando en que fueran el lugar desde el que llevar a cabo el planteamiento formativo de la juventudes del régimen:[9]

Entre la gama de actividades, todas de indudable valor en orden a la formación patriótica, espiritual, escultista, física y deportiva, cultural, etc., que viene desarrollando a lo largo de estos veinte años, sin duda son las actividades campamentales las que más profunda impresión y surco de buenos recuerdo van dejando en los muchachos y en los hombres que pasaron y pasan por los Campamentos y las Marchas. Esto es lo que me mueve a dedicar un recuerdo a los que pasaron y pasan y una cordial bienvenida a los que están y a los que vienen…….Un recuerdo emocionado a los precursores campamentales de antaño, Lorenzo Molón, Vidal Abascal, Padre Indalecio…….. Que ya no cuenta en esta vida. Un saludo de antiguo comando a Churruca, Sancho Dávila, a Chemari, a Chichi, a Víctor Fragoso, a Portilla, a Cuñat, a Sordo, a  Dancausa, a “Papa Pedro”, a Solinís, a Aguilar…….  Y a tantos y tantos campa,mentales “ojotistas” que siento omitir porque estoy escribiendo estas líneas a vuelapluma y mi memoria no resulta un archivo muy completo ni muy ágil que digamos.

Hemos hablado de la opción y de la elección por los teóricos educativos falangistas de un modelo educativo de tiempo libre. La educación por impregnación y la práctica de determinadas pautas de conducta y formas de vida constituían la metodología propia donde: lo ideológico, lo ambiental y lo humanístico, se presentaban envueltos en una forma de expresión en la que los modelos paramilitares tenían un peso decisivo, casi obsesivo en la primera época, para ir desapareciendo paulatinamente a medida que el régimen se asentaba.

 

En la puesta en marcha del modelo educativo campamental vuelven a aparecer, una vez más, tanto los teóricos y políticos falangistas de Sevilla  como los pedagogos ridruejistas de Valladolid, defensores de un modelo educativo nuevo en el que la ideología falangista compone la estructura esencial, de un modo de ver y entender la vida, que se conoce dentro del mundo educativo falangista como estilo. Para poner por obra la teoría educativa se reúnen en plena guerra civil los pedagogos, los políticos y otros personajes destacados del campo intelectual falangista, llevando a cabo una primera experiencia que el propio Sancho Dávila, describe y recuerda en su peculiar estilo literario:[10]

Fue el primer campamento. Reunión formativa de muchachos. Algunos no tardarían en engrosar las filas de la liberación, o poco más tarde irían a Rusia a luchar. Fue un campamento humilde con tiendas prestadas y cuchara y tenedor propio. Allí sonó en sus oídos la primera charla, ante el fuego, de Agustín de Foxá. Luis Aguilar lo dirigía. El Padre Indalecio (q.e.p.d.) invocaba a Dios. Villegas y su inseparable pito dirigían las marchas. Julián Pemartín daba las clases formativas, llenas de recuerdos, sin melancólicas nostalgias. Chemari iba y venía inspeccionándolo todo. ¡Yo era el delegado nacional!. Que mejor título podía ostentar con orgullo. Mis flechas doradas entre un círculo, emparejadas con las rojas, ambas sobre la camisa azul. En mis sienes la boina roja. Triunvirato indiscutible de la Victoria: con el Ejército, la Falange y el Requeté. La murmuración y la remuneración no existían. ¡Qué recuerdos, Dios mío! Y mirando al cabo de los años ese cielo absoluto de Castilla, pienso en vosotros los que fuisteis mis tiernos flechas, en lo que murieron, en los que pudieron descarriarse en el torbellino de la vida, en los que consiguieron la santidad. Precursores fueron de la paz; llamita viva que mantenía a todas horas la antorcha de la Victoria. Primer campamento de las organizaciones juveniles. De pobreza franciscana. De tiendas prestadas. Con cuchara y tenedor propio.

Los campamentos se convirtieron enseguida en uno de los elementos esenciales de la propaganda triunfalista del régimen, son algo que enseñar, no solo a los propios políticos nacionales, sino también a los visitantes extranjeros, en el sentido de estar haciendo una revolución pedagógica en la formación de las nuevas generaciones, por los campamentos pasan todo tipo de personajes, a los que se les trata de explicar este nuevo modelo educativo en base a la escala de valores del nuevo estado, así lo expresaba José Antonio Elola a Eva Duarte de Perón en la visita que, durante su estancia en España, realiza al Campamento de “Santa María del Buen Aire” del Escorial[11]

Este campamento, como los otros múltiples que el Frente de Juventudes levanta en las sierras, verdes praderas o playas de España, son refugios fuertes, claros y alegres, donde el servicio está identificado con el honor. Aquí se inculca a las nuevas generaciones de España las reservas espirituales y también físicas que deben atesorar.

 

La idea de los campamentos, como institución educativa, estuvo siempre presente en la mente de los dirigentes políticos del régimen, los cuales, desde su visión un tanto particular y sesgada de la personalidad española, concebían un modelo educativo de un alto contenido de terapia social, cuyo objetivo era desterrar de la forma de ser de los españoles lo que se consideraban vicios y pecados endémicos. Así lo volvía a expresar Elola, en un Congreso Interiberoamericano de Educación:[12]

Sabemos que junto a virtudes tales como el valor, sentimientos del honor, abnegación y sacrificio ante el esfuerzo supremo, innato en el español y común a toda la raza hispánica, se encuentran defectos como un individualismo exagerado, la aversión al trabajo anónimo, la tendencia a huir del servicio sin riesgo, etc. Por ello buscamos a través de una serie de actividades, tales como marchas, campamentos, trabajos colectivos y vida de disciplina, aparte de las consignas y lecciones que se dan en este sentido, la manera de corregir estos defectos y estimular aquellas virtudes.

La idea de Elola sobre los campamentos, cuya gestión, al menos como Delegado Nacional del Frente de Juventudes, le correspondió al más alto nivel, se traducía, desde la distancia, en haber sido capaz mediante las actividades campamentales de dotar a las nuevas generaciones de españoles que pasaron por ellos, de una actitud ante la vida basada en la disciplina y en el espíritu de servicio.

Resaltaba Elola, como un logro importante, el desarrollo de la convivencia entre los hijos de los combatientes de los dos bandos de la guerra civil, lo que para él era la expresión de haber logrado la auténtica unidad de España utilizando como recurso esencial el diálogo y la comprensión humana.

Metodológicamente, el Frente de Juventudes tuvo especial énfasis en el desarrollo de todas las actividades que organizaba en dos cuestiones: una de ellas era la manifestación clara, a nivel de distintivo, escudo provincial, etc. del lugar de origen del participante, la otra, a través de  la uniformidad, los rituales y el trabajo en equipo, el desarrollar la convivencia entre los asistentes de distintas partes de España.

Tan convencido estaba de la eficacia formativa y de sus planteamientos, que en su vehemencia y en su visión totalitaria del mundo juvenil, con motivo de cumplirse el veinte aniversario del Frente de Juventudes escribía:[13]

De los campamentos, en ocasión de cumplirse los veinte años del Frente de Juventudes, tengo que decir lo que he dicho ya tantas veces:

  • Que en ellos se ha forjado el cuerpo, el espíritu y el carácter de miles y miles de jóvenes, que hoy, ya hombres, son auténticos y positivos valores.
  • Pedí hace ya muchos años que fuera obligada la asistencia de todos los muchachos de nuestra Patria a un turno, por lo menos, de campamentos.
  • Sigo pensando que una medida de este tipo hubiera sido muy conveniente para la unidad entre los hombres de España, incorporando en las juventudes el sentido de la convivencia y mutua comprensión, el buen entendimiento y la solidaridad.

El artífice de la tecnificación del Frente de Juventudes, Jesús López Cancio, procedía, a nivel de la experiencia del trabajo con la juventud, de los campamentos, personaje autocrítico y perfeccionista, relataba a la revista Mástil su experiencia, su opinión y el esfuerzo que hubo que realizar, tras el paso de Elola y del falangismo como símbolo externo, para devolver a las actividades en la naturaleza el valor formativo tal y como él lo entendía, esfuerzo que supuso el revitalizar la actividad y otorgarle el prestigio que le permitió llegar al final del franquismo sin deterioro, gozando de la confianza de la familia y de la sociedad española, hecho este contrastable por defecto, si valoramos el descrédito y la falta de confianza de esta misma sociedad en las   actividades en la naturaleza que se promueven actualmente, esta era la reflexión de Jesús López Cancio sobre aquel momento, muchos años después de su paso por la Delegación Nacional del Frente de Juventudes:[14]

Yo no sé con exactitud los beneficios que hayamos hecho a los chavales que bajo nuestra dirección vivieron la experiencia campamental. No admito que en su memoria y en su carácter no hayan dejado huella aquellas horas de tan honda tensión emocional. Luego vino mi etapa de Delegado Nacional, y con ella el dolor de las reformas en las que para salvar lo perdurable, para salvar de ganga lo esencial, para volver al origen y ganar de nuevo la veta manantial, tuve que superar tantos recelos.

Además de las justificaciones que sobre la actividad de campamentos, hemos considerado hasta ahora, existe siempre, en el fondo, el enfoque político y metodológico de formación de las nuevas generaciones en la ideología falangista, practicado de tal manera que, independientemente de las formular externas y de la aparatosidad de desfiles, etc. se plantea, como diríamos en términos pedagógicos modernos, en forma de currículum oculto, Alberto Fernández Galar,[15] otro de los personajes que intervienen en la elaboración de estos planteamientos desde el principio, explica así la idea política y educativa de estas actividades.[16]

Para los falangista no fue nunca la juventud algo provisional y como de paso, sino, por el contario, un estado, sino de plenitud, si, desde luego, de potencia y de proyección, es decir ya pleno de derechos y de deberes.

Traeremos por último, desde otro enfoque, la visión del papel jugado por los campamentos en la vida social y familiar española de esta etapa, en la opinión de Jorge Jordana de Pozas, uno de los teóricos de franquismo y del Movimiento que ocupó distintos cargos y responsabilidades durante la vida del régimen, teorizaba así sobre la trascendencia  y el papel educativo-social de los campamentos desde su puesto de Delegado Nacional de Asociaciones y Presidente de los Congresos de la Familia:[17]

En los últimos años de la vida española los campamentos de juventudes, han sido, igualmente, una prolongación de la acción familiar. El campamento no aspira a sustituir la vida familiar. No es tan siquiera un modo de facilitar la vacación al aire libre de los muchachos que, sin ellos, quizás permanecieran en la ciudad. El campamento ha sido – sigue siendo – una escuela de costumbres sociales y, por ello, cientos de miles de familias lo han elegido como medio complementario de educación.

Independientemente de los discursos educativos o políticos que hemos considerado, los campamentos suponen una nueva filosofía educativa o forma de obrar, respecto a lo que hasta entonces había sido la educación de los jóvenes, ciertamente habían existido los campamentos como actividad de recreación al aire libre, pero hasta este momento de la historia de España, no se habían planteado bajo dos ideas esenciales: la generalización de esta actividad al máximo posible como beneficio educativo, y el establecimiento de una escala de valores políticos y educativos a desarrollar: no solo en contacto con el medio natural, sino en la propia naturaleza.

Una de las ideas fuerza que sostiene a esta actividad, y que la hace ser distinta de las anteriores y de las que le suceden, es la expuesta por Jordana al negar que las actividades de campamento fueran un sustituto de las vacaciones. Los campamentos nunca fueron planteados por sus autores como vacaciones. Siempre los entendieron como la posibilidad de aprovechar el tiempo libre, escolar o laboral, para la educación de los jóvenes en los nuevos valores del régimen, o para capacitarlos para la formación de otros jóvenes. La elaboración de distintos programa con estos objetivos y contenidos, así como la permanente ocupación del tiempo por las actividades, proporcionaba a los jóvenes la sensación de estar realizando la importante tarea: de ensayar distintos roles sociales, de vivir su propia aventura, de crear y establecer sus propias relaciones lejos del núcleo familiar en espacios controlados y seguros.

Los campamentos aportan además la dinámica viajera como otra novedad sugestiva y atrayente para los jóvenes,  a los que se les ofrece la posibilidad de conocer otras partes del país, la historia y la cultura desde los propios monumentos, recibir lecciones de historia sobre el propio terreno, o revivir antiguas experiencias en la forma en que fueron ejecutadas o escritas siglos atrás, este es el caso de las actividades de campamentos volantes o de marchas por etapas, programadas siempre con un contenido o mística especial: “Camino de Santiago”, “Ruta del Quijote”, “Al-Andalus”, etc..

En otros casos se establece un contenido de tipo ético, de interés humano, o de importancia social, en este caso, los campamentos adquieren el nombre de “Misiones Juveniles”, planteamiento estrechamente emparentado con los “Campos de Trabajos”, experiencia de voluntariado juvenil nacida en Europa tras la Primera Guerra Mundial, en este caso se trataba: de reconstruir pueblos abandonados, de rehacer cementerios de guerra olvidados, de la limpieza o el plantado de bosques, etc.

Este valor viajero, la posibilidad de salir del lugar de origen conviviendo con gentes de su edad, era una novedad realmente revolucionaria para muchas familias españolas que tradicionalmente: habían vivido, crecido y muerto sin salir del lugar de origen y sin conocer otra relación social que la de vecinos y familiares hasta el momento de incorporarse a filas, circunstancia esta que era vivida como un auténtico trauma familiar, además de este valor, la experiencia de viajar con otro grupo de chicos adquiriendo la autonomía personal suficiente, y la consecuente ampliación de horizontes personales, fue, por lo generalizado de la actividad, un revulsivo de gran repercusión social especialmente en el medio rural.

La confianza depositada en los jóvenes por el Frente de Juventudes, se ponía de manifiesto en los viajes de incorporación y regreso de los campamentos. Se nombraba “Jefe de la Expedición” al mayor del grupo, de entre catorce o quince años para un grupo de hasta veinte o veinticinco miembros de la misma edad, al que se le entregaban los billetes de ferrocarril de tercera en tarifa GV- 8, el plan de viaje, y una cantidad en dinero para gastos imprevistos bastante considerable, que el jefe de expedición manejaba a su criterio y justificaba con facturas a su regreso, sin que se conozca ningún problema o incidente grave que invalidara este sistema en sí mismo educativo.

 

La teoría y el planteamiento educativo de los campamentos.

El planteamiento de las actividades en la naturaleza, o de los campamentos, encuentra durante el franquismo un doble enfoque, que si bien es convergente en cuanto a las finalidades y a la ubicación curricular, difieren en cuanto a la tratamiento que la actividad tiene en cada planteamiento, en este sentido, hablaremos de las actividades en la naturaleza en las que la educación física y los deportes son una parte del programa formativo o de actividades, y por otra parte de la consideración que desde la educación física reciben las actividades en la naturaleza, o de aire libre, como una actividad complementaria de la propia educación físico-deportiva.

En el planteamiento educativo falangista de la formación del espíritu nacional, las actividades en la naturaleza son una parte importante con entidad propia, ubicándose en una fecha conveniente del calendario, en el que el cese de la actividad escolar permite disponer del tiempo suficiente para llevarlas a cabo, en tanto, que el planteamiento que se hace desde la educación física escolar, no es otra cosa que una preparación o motivación hacia la práctica de actividades en la naturaleza, no olvidemos que los dos parámetros en que se mide la eficacia docente por el Frente de Juventudes son: la participación en los juegos escolares y el número de alumnos enviados a la actividad de campamentos.

Abordaremos también estas actividades desde la importancia que tiene para los educadores la posibilidad de una incidencia permanente sobre los educandos en el campamento. Desde esta oportunidad única, se contempla la actividad como un proceso de formación integral en la nueva escala de valores,  auspiciados por la ideología política del régimen. El planteamiento educativo estaba suficientemente aclarado en el manual oficial, el cual, tras más de veinticinco años, según declara en la introducción de su última edición, mantiene plena vigencia y es considerado desde la Editorial Doncel como una especie de texto oficial para los dirigentes de campamentos[18]

El objetivo esencial de la actividad de campamentos sería la formación de un “modo de ser” y no de una “manera de pensar”, llevado a cabo a través de una serie de actividades, que permitan a los jóvenes expresarse con plena libertad en contacto con otros de su edad, y facilitando el desarrollo pleno de su personalidad a través de una metodología cercana a las teorías psicomotrices, o a lo que hoy llamamos educación vivenciada, tal y como llega a expresar el referido manual.[19]

No es lo mismo dar algunas conferencias o lecciones, aun cuando sea en forma magistral, sobre temas religiosos, morales o políticos, o practicar aisladamente ejercicios de educación física o de otro tipo cualquiera, que unir todas esas enseñanzas de modo armónico y equilibrado dentro de una actividad del tipo señalado. En el primer caso se enseña una cierta cantidad de cosas. En el segundo se enseña a vivir estas mismas cosas.

No se trata de únicamente agrupar unas cuantas tiendas de campaña en el campo, las actividades deben adecuarse a todo un sistema, según una filosofía del mando y utilizando unos instrumentos formativos adecuados (escuadrismo, ejemplaridad, iniciativa y autodirección, etc.), cauce para todos los cuales es la vida o la actividad al aire libre.

Quizás la definición más acertada del método empleado en las actividades en la naturaleza fuera la del llamado ejercicio problema, consistente en colocar a los jóvenes, en plena naturaleza, ante la necesidad de resolver un problema por sí mismos, tomando decisiones y dándoles la oportunidad de poner en práctica las enseñanzas recibidas, todo ello, con la consiguiente dosis de aventura y de misterio, y con la necesidad ineludible de trabajar en equipo para alcanzar el fin propuesto. Para esta metodología se cuenta siempre con el mundo de intereses de los niños y de los jóvenes, con su capacidad de fabulación y de asumir y   dramatizar situaciones que se adaptan perfectamente a todo el mundo de fantasías que pueden crearse en la naturaleza.

Fieles a esta puesta en práctica de la teoría asociativa juvenil, se maneja una versión de la pandilla perfectamente acomodable a cualquier estructura, que recibe el nombre de escuadra, término tomado de la estructura falangista y con origen en la organización de las unidades militares. Esta realidad fue tan clara desde el principio, que incluso el modelo de tienda de campaña, aun en uso, en los campamentos, que tras numerosos ensayos se declaró insustituible, es una tienda grande con capacidad para seis camas o petates extendidos, con lo que, utilizando como base la pandilla infantil o juvenil, desde este mundo de intereses y con la psicología adecuada a la edad, las bases del planteamiento educativo de las actividades en la naturaleza fueron las siguientes:a) La aventura y el juego. Se insiste en los caracteres psicológicos del juego como elemento de desarrollo de la personalidad infantil y juvenil, y en las actividades en la naturaleza como posibilidad de satisfacer las necesidades planteadas por la imaginación juvenil.

  1. Se propone, desde la utilización de los recursos del juego, el inculcar a los jóvenes una serie de principios y normas que están en el núcleo de lo que en la teoría falangista se define como “estilo”:

A través del juego puede inculcarse fácilmente el principio de obediencia a las reglas, la necesidad de la disciplina y del dominio del natural ardor juvenil, la fortaleza, el coraje, la capacidad de guiar a otros, el sacrificio de la individualidad en servicio del equipo o pandilla. Asimismo, y sobre todo en los juegos deportivos, puede lograrse que el muchacho pierda el defecto de discutir y contestar creyéndose siempre con razón, iniciando de este modo el aprendizaje del diálogo. [20]

Se considera muy importante la interdisciplinaridad que ofrecen las actividades de aire libre o en la naturaleza como: el coleccionismo, las construcciones, la orientación, etc., y se insiste, en el control que los dirigentes deben observar en los juegos al objeto de evitar individualismos, agresividad e intolerancia, se establece la adaptación de los juegos a la edad, y como principio de autoridad la presencia del dirigente asumiendo las funciones de árbitro, de entrenador, o en cualquier caso, el de simple observador para controlar la actividad y asegurar el cumplimiento de unos fines educativos.

  1. 2. La dureza y virilidad de la actividad. En una s actividades pensadas y ejecutadas por hombres y para niños, apoyadas en las escalas de valores determinadas por la filosofía del régimen, lo duro y lo viril, debían tener un sitio de privilegio en el planteamiento educativo, aunque, como observa la teoría campamental, con las debidas precauciones:[21]

Las actividades de aire libre constituyen siempre juego y aventura con sus características predominantes de dureza y virilidad.

El muchacho se acostumbra a las inclemencias del tiempo, a dormir bajo una lona, a conseguir muchas cosas por su propio esfuerzo, a un constante ejercicio físico que favorece su desarrollo, al cansancio de una marcha o de una ascensión, al sacrificio por los demás que le impone la dureza de la actividad.

Pero si la vida al aire libre proporciona de por sí condiciones de dureza suficientes para su educación, debe tenerse en cuenta que la exigencia de un esfuerzo excesivo no solo puede ser contraproducente y hasta peligroso para la salud, sino también perjudicar seriamente la vida moral, ya que se puede favorecer en algunos la presunción por su fortaleza física, lo cual constituye una desagradable caricatura de la virilidad.

Los resultados de este planteamiento educativo, según los autores, deberían ser:

  1. La confianza en sí mismo: Como consecuencia de su propia capacidad para resolver problemas, despertando, facultades dormidas en el hombre de ciudad.
  2. La dosificación o aplicación interdisciplinaria de los conocimientos, la formación estética y moral, en el sentido del acercamiento a Dios por el contacto con la naturaleza, y el desarrollo de la alegría de vivir:

…este contacto con la belleza natural, la confianza en sí mismo, la posibilidad de expansión física, la virilidad de las actividades y el contacto con sus compañeros, hacen del más tímido y retraído un hombre alegre, capaz de comprender y de sentirse acompañado y querido por sus camaradas.

Esto es, a nivel conceptual, lo que el Frente de Juventudes como responsable de la educación de la juventud en los principios del Movimiento, entendía como una situación óptima para la educación de los jóvenes: vida al aire libre, camaradería, ejemplaridad de los dirigentes, y la aplicación racional de los principios ideológicos a los problemas de la vida diaria, consiguiéndose de esta manera, una educación vivenciada de los principios ideológicos esenciales.

En cuanto a la finalidad, tal y como se plantea desde la institución, los campamentos no tienen otra que cubrir el ocio de los jóvenes de una manera atractiva, posibilitando la labor de formación, apoyada en la práctica  de juegos o actividades de aventura, sobre el mismo terreno donde los juegos o la aventura tiene lugar, materializándose así la vieja aspiración, de los teóricos falangistas, de conseguir una educación integral que comprenda:

  1. La formación de la personalidad. La vida del campamento debe contribuir a la formación de la personalidad en los aspectos: físicos, intelectuales, morales, estéticos, vocacionales y sobrenaturales, permitiendo a cada joven la posibilidad de forjarse, de acuerdo con esto, un proyecto de vida según sus propias capacidades.
  2. Desarrollo de la capacidad de sociabilidad. Mediante una acción formativa que permita desarrollar: la solidaridad, la comprensión, la cooperación, la autoridad, la libertad, la justicia y el trabajo.
  3. Integración en una empresa común. Adquirir el exacto sentido de la idea de Patria, y desarrollar en torno a esta idea todos los valores del ideario falangista, hasta conseguir su plena aceptación por los jóvenes, que deberán sentirse motivados a integrarse como españoles en un proyecto común.

La teoría oficial se apoyó siempre en estas líneas,  para justificar y apoyar el discurso sobre la necesidad de los campamentos y de las actividades en la naturaleza. En este sentido lo expresaba el profesor López-Cepero, en su calidad de Director del Gabinete de Estudios del Departamento Nacional de Formación de Juventudes:[22]

La oportunidad, pues, de poner al hombre en contacto con la sociedad, integrándolo en grupos en los que desempeñe un papel, facilitándole así el descubrimiento de su autoafirmación, y al mismo tiempo enfrentarlo con la misma naturaleza, supone un paso adelante en el problema de su futuro, de su intencionalidad futura, de la potenciación de su voluntad para llegar a ser algo que quiere ser por imperativo de su propia existencia, por vocación.

Afortunadamente, para los jóvenes y para la sociedad española, las autoridades políticas nunca tuvieron una idea clara de lo que ocurría en el Frente de Juventudes, la visión que tenían era la que la propia institución quería darles, y como desde las reformas de Cancio estuvo siempre más interesada en su propia tecnificación, eficacia y desarrollo cualitativo, que en las parafernalias políticas, a las que al final del período acudía a regañadientes y con el mismo aire de resignación, que el de un científico que se ve obligado a abandonar su laboratorio para asistir a un acto donde ha de escuchar teorías que sabe superadas.

La visión sobre los campamentos más frecuentemente aportada a los políticos, el propio Franco incluido, fue la de un lugar donde se llevaba a cabo una educación en la ideología y en los valores del franquismo, desde metodologías paramilitares impregnadas de un alto contenido político, así como una visión organizativa de la institución que nada tenía que ver con la realidad de cada día, todo ello, desde una apariencia de normalidad y transmitiendo la sensación de ser lo habitual y generalizado en toda la juventud española. Sin embargo, las autoridades políticas que visitaban los campamentos recibían, durante unas horas, la ilusión de un baño heroico y aguerrido y la impresión de estar avanzando en la construcción un país a la medida de las ideas del régimen. No podemos pensar que no conocieran o intuyesen la realidad que se ocultaba tras aquella escenografía que, a unos ilusionaba, a otros satisfacía y a todos justificaba.

Franco visitaba, regularmente, algún campamento cada verano,  especialmente durante su estancia en el Pazo de Meirás. Solía propiciarse algún encuentro, intencional o incidental, en el que el Frente de Juventudes le mostraba su obra. Siempre que los actos tuvieron un desarrollo y un contenido formal, Franco se dirigió a los jóvenes manteniendo la misma línea y sin cambiar el tono de su discurso, y lo propio hicieron las demás autoridades del régimen en   visitas de este tip

Un ejemplo de estas visitas fue la que hizo al campamento-albergue “Francisco  Franco” en Sada (La Coruña), en agosto de 1965, a esta visita le acompañaron D. José Solís Ruiz en su calidad de Ministro Secretario General del Movimiento, el Ministro de Marina Nieto Antúnez y El Ministro de la Presidencia D. Luis Carrero Blanco, recibidos con todo el protocolo por el Delegado Nacional y los delegados provinciales, recorrió todas las instalaciones observando y preguntando Franco, como era su costumbre en este tipo de visitas, sobre lo que hacía cada grupo, tras este recorrido tuvo lugar un acto calificado de “afirmación española”, dirigiéndose a los jóvenes en estos términos:[23]

Conservad siempre vivo este entusiasmo del esfuerzo, estas ideas que aquí recibís, y pensad que tenemos que ser apóstoles de una idea. Nuestra política no es una política de partidos, es una política de integración de todos los hombres de la Patria, es la política de formación de los hombres, que ejemplarmente realiza el Frente de Juventudes.

Algunos años después recibe en Ayete a los jóvenes de la Competición Nacional de Actividades de la O.J.E. que se celebraba en Anoeta y vuelve a dirigirse a ellos de modo parecido: [24]

Es para mí una satisfacción recibiros y felicitaros por vuestras actividades y vuestros éxitos, y aplaudir esta unión de los muchachos de España, este abrazo entre todos y vuestro espíritu de servicio para la grandeza de la Patria. Nuestra fe está en las generaciones futuras que se están formando.

La España mejor que nosotros esperamos ha de ser realizada progresivamente, y para ello es necesario formar a las generaciones juveniles, dentro de la virtud y del espíritu de servicio que las caracteriza.

Muchas gracias a todos  y  ¡Arriba España!

Esta idea de formación patriótica en contacto con la naturaleza, lejos de la propia familia, en convivencia con jóvenes de distintas partes del país y con la práctica del espíritu cristiano, fue la idea trasmitida y la que, a su vez, transmitieron los políticos del régimen al referirse a las actividades en la naturaleza, así lo entendía el Ministro Solís, cuando fue preguntado por  la función fundamental de estas actividades, con motivo de la visita a un campamento en el que se encontraban sus hijos como acampados:[25]  

La función fundamental consiste en que los chicos de una y otra procedencia conviven en común, se formen física y espiritualmente, y se entrenen en el servicio a unos ideales y a la Patria. Queremos hombres para el mañana, hombres íntegros, con una profunda formación religiosa y patriótica.

A los padres de familia que no han mandado sus hijos a campamento les diría que aquí tienen un sitio. Que nos les priven de este beneficio evidente, apartándoles periódicamente del propio hogar para que aprendan aquí a valerse por sí mismos. Aquí se hace, sencillamente, Patria. Aquí debemos mandar todos a nuestros hijos.

 

CONTINÚA EN EL NUMERO 2

 

[1]BADEM POWELL, R.:Juegos de explorador. Prólogo de D. Teodoro de Iradier fundador de los Exploradores de España.Tip. José Yagües, Madrid. 1914.

BADEM POWELL, R.: Tras las huellas del fundador. Ed. Edebé, Barcelona. 1982.

BOVET, P.:Badem Powell, educador de juventudes. bases psicológicas y valor educativo del escultismo. El instinto de lucha y el ideal de los jóvenes. Ed. Espasa-Calpe. Madrid.1935.

[2]POMAREDA SOLER, J.: La escuela al aire libre y los paseos escolares. Imp. de los hijos de M.G. Hernández, (Jaime Ratés, sucesor de P.Núñez), Madrid. 1903.

                POMAREDA SOLER, J.: Organización de la educación popular.  Madrid. (Sin fecha ni editor).

[3] CASALS SOLER, M.: Gimnasia, Juegos y Deportes. Ob. cit. Págs. 145-155.

                CENTRO EXCURSIONISTA DE CATALUÑA: Club alpino catalán, Club de esquí de Cataluña 1876-1951. Aspectos más importantes que han dado vida al centro. Antecedentes históricos del Excursionismo. Obra cultural del centro. 75 años de excursionismo…. C.E.C., Barcelona. 1951.

                CO TRIOLA de,J.M.: Excursionismo. Ed. Sintes, Barcelona.1930.

                PONS i AGULLO, J.: Manresa 1885-1935. Centro Excursionista de la comarca del Bagués.Cincuenta anys dº Historia Gráfica. Barcelona. (Sin fecha ni editor).

                PORCEL RIERA, M.: Diario de una colonia escolar en Baleares. Puerto Soller, agosto, 1901. Tip. Lit. de Bartolomé Rotger, Palma de Mallorca. 1901.

[4]BARBERA i SUQUE, J.: História d´una pedra. Cavall Bernat de Monserrat. 1835-1985. Direcció General de l´Esport de la Generalitat de Catalunya. Federació d´Entitats Excursionistes, Barcelona. 1986.

                MARTINEZ NAVARRO,A.:El escultismo en el marco de la educación física: su implantación en España, en J. Ruiz Berrio (Ed.): La Educación en la España contemporánea. Cuestiones históricas. Fundación Santa María y S.M..Madrid.1.985. Págs. 151-163.

[5] GUTIERREZ, A.: Por los Montes de España, MASTIL. Año XXIII. Delegación Nacional de Juventudes. Madrid. 1965. Pág.18. ACEBA.

[6] GUTIERREZ,  A.: Ob. cit. Pág.18.

[7]CUÑAT, R.: Mandar no es estar sobre sino estar con. MASTIL.  Año XXIII, DNFJ.  Madrid. 1965. Pág.17. ACEBA.

                CUÑAT, R.: La vida al aire libre como medio de formación integral para los jóvenes.  Congreso Nacional de Pedagogía. San Sebastián. 1949. (Sin editor)

                CUÑAT, R.: Campamentos Juveniles de España. Revista Antorcha nº 2. DNEFD, Madrid.1944.

[8]CUÑAT, R.:A los veinte años, MASTIL. Año XVIII. Delegación Nacional de Juventudes.  Madrid. 1.960 Pág.4. ACEBA.

[9] VILLEGAS, J.: Recuerdos campamentales. MASTIL.  Año XVIII. Delegación Nacional de Juventudes. Madrid. 1960. Pág. 7. ACEBA.

[10] DAVILA, S.: LAS HUELGAS (Burgos). MASTIL. Año XXIII. DNFJ. Madrid. 1965. Pág. 3. ACEBA.

                DAVILA, S.: De la O,J, al Frente de Juventudes. Editora Nacional, Madrid. 1941.

[11] ELOLA, J.A.:  La semilla germinó y dio frutos. “MASTIL. Año XXIII. DNFJ. Madrid. 1965. Pág. 4. ACEBA

[12] ELOLA, J.A.: Ob. cit. Pág. 7.

[13] ELOLA, J.A.: Veinte años. “MASTIL”.  Año XVIII. Delegación Nacional de Juventudes. Madrid. 1960. Pág. 3. ACEBA.

[14] LOPEZ CANCIO, J.: La entrega sin reservas. MASTIL. Año XXIII. Delegación Nacional de Juventudes. Madrid. 1965. Pág. 6 – 7. ACEBA.

[15]Alberto Fernández Galar, fue el primer Ayudante Nacional de las Falanges Juveniles, dirigió el mítico campamento de “Sancho el Fuerte”. Ocupó posteriormente cargos políticos en el Movimiento, entre otros el de Delegado Nacional de Organizaciones.

[16] FERNANDEZ GALAR, A.: Los campamentos y la personalidad juvenil, “MASTIL”,  Año XXIII, Delegación Nacional de Juventudes, Madrid, 1965. Pág. 9.

[17] JORDANA, J.: Los campamentos y la familia española. MASTIL’. Año XXIII, Delegación Nacional de Juventudes. Madrid. 1965. Pág.8. ACEBA.

[18] DELEGACION NACIONAL DE JUVENTUDES: Aire Libre. Madrid. Ed.Doncel. 1967.

[19] DELEGACION NACIONAL DE JUVENTUDES: Aire Libre. Ob. cit.Págs.25-36

[20] DELEGACION NACIONAL DE JUVENTUDES: Aire Libre Ob. cit. Pág. 12.

[21] DELEGACION NACIONAL DE JUVENTUDES: Aire Libre Ob. cit.

[22] LOPEZ-CEPERO, J.M.: La vida al aire libre como potenciadora de vocaciones. “MASTIL” . Año XVIII. Delegación Nacional de Juventudes. Madrid. 1960. Pág.2. ACEBA.

[23]           MASTIL:  Año XXIII. Delegación Nacional de Juventudes. Madrid. 1965. Págs.1-3.ACEBA.

 [24] MASTIL: Año XXV. Delegación Nacional de Juventudes. Madrid. 1967. Pág.2.ACEBA.

[25] MASTIL: Año XXVI. DNFJ. Madrid. 1968. Pág.1.ACEBA.

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