DEPORTE. ¿QUÉ EDUCACIÓN? ¿QUE VALORES? MUERTE DE LA EDUCACIÓN Y DE LOS VALORES DE LA ACTIVIDAD FÍSICA A MANOS DEL COMPETITIVISMO. CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA.

Manuel Vizuete Carrizosa

Maestro de Enseñanza Primaria – Licenciado en Educación Física – Licenciado en Geografía e Historia – Doctor en Historia Contemporánea. Catedrático de Universidad. Líneas de Investigación: Didáctica de la Educación Física. Producción Materiales Didácticos para la Educación Física Escolar. Historia y Filosofía del Deporte y de la Educación Física. Formación del Profesorado de Educación Física. Fundador de La European Union Physical Education Associations (EUPEA) Comité de Expertos del Consejo de Europa (EF, Deporte Escolar y Deporte para Jóvenes) Coordinador del Foro Hispanomexicano.

DEPORTE. ¿QUÉ EDUCACIÓN? ¿QUE VALORES?

MUERTE DE LA EDUCACIÓN Y DE LOS VALORES DE LA ACTIVIDAD FÍSICA A MANOS DEL COMPETITIVISMO. CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA.

 

Introducción.

Fue a principios de los ochenta, cuando en plena Transición Política española y habiendo caído el Deporte Escolar en tierra de nadie, percibiendo los oscuros y nada claros intereses de los centros de enseñanza privados y federaciones deportivas, por hacerse con el pastel, que no con los principios y responsabilidades educativas, escribí una columna de opinión en la revista Guadiana, titulada Devolved el Deporte Escolar a la Escuela. Evidentemente con ningún éxito, porque el acelerado proceso de transferencias de competencias del Estado a las nacientes Comunidades Autónomas hizo que el Deporte Escolar fuera prematuramente transferido con medios, pero sin técnicos y expertos educativos, lo que ocasionó que el dinero, que no el horizonte educativo, cayese en manos de las federaciones deportivas, que además de no entender la dimensión educativa del deporte en la edad escolar, trasladaron a este los viejos vicios, corruptelas y malas formas del deporte de adultos.

Aquellos polvos trajeron estos lodos; en la actualidad, cada semana, nos enfrentamos a las noticias de la violencia en el deporte en la edad escolar. Bien es cierto, que la violencia no se genera y produce en la cancha sino en los entornos sociales que rodean al fenómeno deportivo, en su mayor parte. No es tampoco excluible que esa violencia desatada en la grada esté pasando al terreno de juego, como podremos ver en este artículo.

He manifestado mi opinión y explicado, reiteradas veces, de cómo el binomio deporte-educación lleva décadas justificando lo injustificable; también el hecho de que no puede haber educación sin la intención explícita y programada, pedagógica y científicamente, de educar; igualmente he sostenido y mantengo, cómo el hecho educativo ha de ser impartido y ejecutado por profesionales de la educación físico deportiva, con una sólida formación y con una ética y una moral personal, a prueba de todo.

La sola práctica del deporte no garantiza la adquisición de valores positivos, y mucho menos, en el supuesto que se adquiriesen, que estos valores se trasmitan, sin más, a la vida social de las personas; por ende, tampoco se puede atribuir ni asegurar que los valores o antivalores de la vida social, pueden ser trasladados o corregidos por la mera práctica de un deporte carente de un currículo con intencionalidad educativa.

Por último, y siguiendo la línea de mi discurso habitual, es preciso poner de manifiesto, suponiendo que  la práctica deportiva genere valores, cuales son estos valores y como podrían ser puestos de manifiesto para su inclusión en un currículo educativo. Faltaría no obstante, reflexionar sobre cómo tratar el factor de incertidumbre, que es lo que mueve a la actividad deportiva, en un currículo de educación en valores con el deporte como metodología y práctica pedagógica.

Axiología y Deporte.

Llegados a este punto, y en lenguaje Novo tecnológico, es preciso resetear el discurso y acudir al origen de la ciencia de los valores o axiología, y a la visión que aporta sobre ello David Hume (1711- 1776) como padre de esta ciencia.[1]

Acudiendo a la teoría de los valores desarrollada por Hume en la que destaca su estudio y su aguda observación del ser humano, resulta indispensable, aún en la actualidad, detenerse en su filosofía sobre los principios de la moral y abordar y tratar de definir, los supuestos valores del deporte. Hume distingue cuatro clases de valores, o cualidades valiosas, del ser humano que vamos a tratar de superponer al concepto deporte entendido como hecho educativo.

El filósofo escocés distingue cuatro clases de cualidades valiosas en el ser humano:

  • Cualidades que son útiles para la comunidad.
    • Benevolencia.
    • Justicia
  • Cualidades que son útiles para nosotros mismos.
    • Fuerza de voluntad.
    • Diligencia.
    • Frugalidad.
    • Vigor corporal.
    • Inteligencia.
    • Otros dones del espíritu.
  • Cualidades inmediatamente agradables a nosotros mismos.
    • Alegría.
    • Grandeza de alma.
    • Dignidad de carácter.
    • Valor.
    • Sosiego.
    • Bondad.
  • Cualidades inmediatamente agradables a otros.
    • Modestia.
    • Buena conducta.
    • Cortesía.
    • Ingenio.

Una mirada a esta tabla de cualidades entendidas como valores, y superpuesta a los estereotipos que hemos ido construyendo en nuestra fantasmática visión social del deporte, vendría a certificar, de inmediato, al deporte como poseedor de toda una serie de valores que, sin duda, engrandecerían a los seguidores de la doctrina deportiva.

El problema se plantea cuando tratamos de instalar esos valores en el ser humano, desde la educación, contraponiéndolos a contaminaciones culturales, a los usos y costumbres y colisionando con la moral como principio filosófico no religioso.

Todos los valores de la tabla de Hume, coinciden en el principio moral del agrado y la utilidad, que son perfectamente identificables en el hecho deportivo y en las sensaciones que produce la práctica del deporte, y que nos conducen directamente en función del agrado o desagrado a un fundamento de aprobación o desaprobación de los puntos contenidos en la tabla anterior de cualidades, referidos a un individuo o grupo identificable como deportista. La visión filosófica propia del empirismo es marcadamente hedonista y utilitarista; a  ello se refiere Hume cuando aclara:

La utilidad es agradable y solicita nuestra aprobación. Esta es una cuestión de hecho. Confirmada con la observación cotidiana. Pero ¿útil?, ¿para qué? Para el interés de alguien sin duda.

El concepto valor, referido a las personas, incluye al egoísmo como principio moral a tener en cuenta; si recorremos la tabla anterior y lo sometemos a los principios de eudemonía, entendida como plenitud o felicidad y referida al concepto de utilidad estaría plenamente contenido en los usos y prácticas de los valores cognoscibles en el deporte. Del mismo modo y desde este planteamiento filosófico eudemonía y utilidad, desembocan en el concepto de bien común entendido como resultado deportivo u objetivo deseable del equipo.

Al referirme anteriormente a los entornos y contextos, y a los fenómenos que desencadenan, desde la perspectiva de esta escuela filosófica referido al ejercicio de los valores, recogería Hume el problema kantiano de ¿razón o inclinación natural? En este punto, sostiene el maestro:

Sobre la verdad es posible la discusión; sobre la inclinación natural no; lo que existe en el mundo de las cosas es la medida de nuestro juicio teorético; lo que cada cual encuentra en su propia interioridad es la medida del sentimiento… Nadie razona sobre la hermosura de otro, pero si frecuentemente sobre la rectitud o no rectitud de sus acciones.

Desde los principios de la ética inglesa y, habida cuenta que esta teoría de los valores se construye en el mismo tiempo y espacio en el que se desarrollan las teorías educativas que dan origen al deporte, hemos de tener en cuenta que Hume y los filósofos ingleses del momento del nacimiento de las teorías educativas del deporte, no saben distinguir entre los auténticos valores éticos y otros tipos de bienes o fundamentos de valor anulados por la concepción eudemonista y utilitarista de su planteamiento.

Deporte y antivalores.

El factor de incertidumbre sobre el resultado de la acción deportiva es, sin dudarlo, el motor que mueve al deporte. Los esfuerzos por garantizar el resultado positivo y apetecible son el origen del entrenamiento y de la organización social del deporte; obviamente de acuerdo con lo que entendemos valores del deporte. El problema surge cuando cada uno o varios de los puntos de la tabla precedente, son pervertidos o alterados por razones de inclinación, utilidad o eudemonismo.

Volviendo al inicio de este planteamiento filosófico, veamos algunos de los ejemplos que, en los últimos tiempos subvierten los valores de la práctica deportiva en las edades escolares, anulando el efecto y la identidad educativa, y como en muchos de los casos, estas acciones son ajenas a la propia práctica del deporte. Así y respecto al primer principio: Cualidades que son útiles para la comunidad. Benevolencia y Justicia, debemos referirnos a como son tratados estos aspectos o valores en el mundo del deporte, supuestamente educativo en la edad escolar. Nos estamos refiriendo a la consideración que los árbitros reciben por parte de padres y espectadores.

El problema no es privativo de un sexo o de un país o lugar concreto, la pérdida de este valor nuclear en la práctica del deporte, se ha globalizado y pone en cuestión el principio esencial de respeto a las normas que es lo que define al deporte respecto de otras actividades físicas.

En cuanto al segundo nivel de valores: Cualidades que son útiles para nosotros mismos: Fuerza de voluntad. Diligencia. Frugalidad. Vigor corporal. Inteligencia. Otros dones del espíritu, serían los valores que definen al deporte en su esencia y cuyo proceso de construcción en la personalidad humana estarían a cargo de los procesos educativos a cargo de la triada Educación Física Escolar – Deporte – Familia. En este nivel, los antivalores están a cargo de los padres y entrenadores, y en la aceptación mal uso de las reglas que hacen los jugadores, traducidos en formas de comportamiento.

Tampoco es exclusivo o específico de un deporte concreto.

El humor que tiene siempre en  su punto de mira los vicios y errores sociales, también tiene su opinión sobre ese asunto.

Como conclusión o reflexión final, es preciso plantearse si los esfuerzos económicos, políticos y sociales en la promoción del deporte de base, supuestamente educativo, puede seguir manteniéndose cuando son antivalores los que acaban adueñándose de la práctica de las actividades físicas de niños y jóvenes, en tanto que familias, sociedad e instituciones deportivas, pese a poner la voz en grito, miran hacia otro lado sin poner soluciones.

No deja de ser revelador, que haya sido noticia de impacto el que la dirección del Colegio Santa María del Pilar haya retirado a uno de sus equipos de la competición, por el mal comportamiento de sus jugadores. A la vez que felicitamos al Colegio y su dirección por este hecho de indudable valor educativo, esperamos que sea un ejemplo y un referente para otros que buscan la victoria a cualquier precio, o ignoran los comportamientos antideportivos de sus jugadores, dentro y fuera de la cancha.

La ejemplar lección de deportividad del colegio Santa María del Pilar

[1] HUME, D.: (1945) Investigación sobre la moral, Losada, Buenos Aires.

SMITH, N.K.: (1941) The philosophy of D. Hume. London.

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