LOS POLITICOS Y EL CAMUFLAJE DEPORTIVO. DE FIDEL Y EL CHANDAL BOLIVARIANO, A LA MOCHILA DESCOLGADA DE PABLO IGLESIAS.

 

 

Manuel Vizuete Carrizosa

MANUEL VIZUETE CARRIZOSA

Maestro de Enseñanza Primaria – Licenciado en Educación Física – Licenciado en Geografía e Historia – Doctor en Historia Contemporánea. Catedrático de Universidad. Lineas de Investigación: Didáctica de la Educación Física. Producción Materieles Didácticos para la Educación Física Escolar. Historia y Filosofía del Deporte y de la Educación Física. Formación del Profesorado de Educación Física. Fundador de La European Union Physical Education Associations (EUPEA) Comité de Expertos del Consejo de Europa (EF, Deporte Escolar y Deporte para Jóvenes) Coordinador del Foro Hispanomexicano.

LOS POLITICOS Y EL CAMUFLAJE DEPORTIVO. DE FIDEL Y EL CHANDAL BOLIVARIANO, A LA MOCHILA DESCOLGADA DE PABLO IGLESIAS.

 

 

Cuando subieres a caballo, no vayas echando el cuerpo sobre el arzón postrero, ni lleves las piernas tiesas y tiradas y desviadas de la barriga del caballo, ni tampoco vayas tan flojo, que parezca que vas sobre el rucio; que el andar a caballo a unos hace caballeros, a otros caballerizos.

De los consejos segundos que dio don Quijote a Sancho Panza.

El Ingenioso Hidalgo D. Quijote de la Mancha. Miguel de Cervantes.

 

La cita viene al pelo en este año del centenario de Cervantes, porque el haber asumido un modo de apariencia deportiva, no hace que los políticos sean deportistas, ni mucho menos que asuman los pretendidos valores del deporte sino que, antes al contrario, practiquen los antivalores deportivos que, normalmente, son objeto de sanción, cuando no de expulsión de la cancha, claro está que en el mundo del deporte no existe el aforamiento y, por tanto, las sanciones se castigan con tarjetas rojas y expulsiones, o con tiros libres, según los casos. Tampoco hay suspensiones a perpetuidad, como ocurre en el deporte con los casos de dopaje o de corrupción, cuando circulan los maletines o se amañan las apuestas.

Probablemente fue Fidel Castro el primero en enfundarse en el chándal nacional de la selección cubana, lo suyo fue una transición natural del verde oliva del uniforme militar al azul proletario de los colores deportivos cubanos. Fidel lleva el chándal con naturalidad, la prenda le sienta bien, su trayectoria deportiva personal y su compromiso con el deporte lo avalan. Es proverbial su famosa alocución referida al valor de las actividades físicas solo tres meses después del triunfo de la Revolución Cubana:

… cuando cada muchacho encuentre en la ciudad, en el pueblo, en el campo, en el barrio, un lugar apropiado para desarrollar sus condiciones físicas y dedicarse por entero a la práctica del deporte de su preferencia, habremos visto satisfecho el deseo de todos los que hemos hecho esta Revolución. Fidel 1 abril 1959.

A diferencia de otros líderes políticos que se sirven del deporte como instrumento de proyección política Fidel plantea, muy poco tiempo después, una visión particular del deporte, alejada de la clásica visión marxista de Cultura Física en la que, él distingue la educación física y el deporte como dos realidades diferentes alejándose del concepto deporte-instrumento, para proponer el instrumento del deporte como elemento de cultura social de utilidad pública:

… ¿Por qué interesa esta actividad? La Revolución tiene que ocuparse de la educación física y del deporte como una cuestión fundamental para el país. Es posible que para muchas personas, el deporte y la educación física hayan sido, o hayan creído verla, como una actividad sin importancia, como una actividad no fundamental; es posible que, incluso, el interés hoy por la educación física y el deporte no sea igual al interés que habrá en los años venideros.[1]

Su concepto social y educativo de la educación física y del deporte, le lleva a vivir la Actividad Física como una cuestión de estado que él asume y personaliza, por eso, a Fidel el chándal le sienta bien. El chándal no es el instrumento político, sino la herramienta para instrumentar una política de estado. No hace del chándal bandera, sino que es abanderado de la actividad física. Por eso no tiene problemas en cambiar de modelo, de color, o de marca.

 Fidel

Fidel deportista.

Del deporte como instrumento a la instrumentación del deporte.

Ciertamente, entiendo, Fidel es un verso suelto entre los políticos que se relacionan con la imagen deportiva, entre él y los otros está la diferencia entre el acto y la consecuencia, en la que él evidentemente gana. Sirva para ilustrarlo la imagen del encuentro con el Papa en el que coinciden los hábitos papales con el hábito del deportista que, en este caso, si hace al monje.

 Fidel deportivo

Fidel deportivo

La diferencia entre el original y la copia, se hace patente cuando el papel moneda se mira al trasluz. Son muchos los políticos, sin distinción de ideologías, que se montan en la estela del deporte. Quizás lo más destacado, por el escandaloso colorido, sea lo bolivariano. En este caso, la diferencia está entre hacer del chándal y lo que representa un valor, identificable con los que se atribuyen al deporte, o convertir la bandera en chándal con el consiguiente trastoque de valores, donde lo deportivo se convierte en el medio-imagen, en lugar del objetivo educativo-social. En estos casos, los valores del deporte se resienten al ser identificados con los modos y formas que ejercitan los que se visten de deportistas; podríamos decir que estaríamos hablando de un modelo identificable como político camuflado de bandera deportiva. Ser el palo de la bandera está bien cuando la bandera gana el partido, pero no es menos cierto que identifica a todo un país cuando pierde y que, en demasiadas ocasiones, se vive como una tragedia nacional.

La instrumentación del deporte tiene una estructura poliédrica que va desde las sucesivas espirales económicas que genera a lo educativo, pasando por la visión social y por la utilización políticamente descarada que conocimos en la guerra fría como los boicots olímpicos o el apartheid sudafricano. Unos más justificados que otros, han contribuido a crear una imagen de deporte politizado que trata de aferrarse a unos valores cada día más desdibujados y difíciles de encontrar.

La utilización de los colores nacionales como atuendo deportivo recorre un tortuoso camino que va de lo nacional al nacionalismo; en ambos casos se trata de hacer una identificación de lo nacional, de la patria, con ideologías o con el ejercicio del poder. El concepto marxista de Cultura, traducido al de Cultura Física ha encontrado una de sus aplicaciones en este uso, también abuso, de los colores nacionales, de las ideologías o de los sentimientos políticos en beneficio propio. En este caso podríamos plantear las dos dimensiones con liderazgos políticos actuales.

Imagen1

Venezuela y el chándal bolivariano

Siguiendo la estela de Fidel, corregida y aumentada, muy cercana al esperpento, Chávez se enfundó en la bandera venezolana transformada en chándal, al que convirtió en un símbolo de sí mismo. A partir de la creación de la imagen, esta ha sobrevivido al personaje, Maduro se ha enfundado el chándal para llevarlo, con pajarito piando incluido, a la arena política en una carrera corta del estadio a la tribuna. Hoy día, oposición incluida, nadie en Venezuela se atreve a dar un discurso político sin enfundarse en el chándal chavista. Estaríamos hablando de una visión patriótica, o quizás mejor patriotera, del deporte.

Los nacionalismos secesionistas también han encontrado la veta o mejor dicho, el filón del deporte como forma de expresar ideología, deseos e intenciones. Trasladar las ideologías al deporte no es nada nuevo; los Juegos Olímpicos de la antigüedad, no eran otra cosa que celebraciones litúrgicas en las que, desde el culto a Zeus, se trataba de glorificar y difundir la filosofía griega del cuerpo como alma.[2] La manipulación del deporte en favor de las ideas e ideologías ha sido, y continúa siendo, prolíficamente desarrollada y puesta en práctica. No podemos olvidar, ni dejar de recordar, que la tradicional carrera de la antorcha olímpica desde Olimpia a la sede correspondiente de los juegos actuales, es un invento de la Alemania nazi para los juegos de Olímpicos de Berlín, en cuyo estadio fue recibida por el propio Hitler. El uso de las banderas nacionales y autonómicas en las vueltas olímpicas actuales, estarían por tanto en el desarrollo del mismo concepto. Sin olvidar el silbar o abuchear himnos nacionales en las celebraciones deportivas como forma de reflejar situaciones o deseos de carácter identitario.

En el caso español, el Barcelona FC, que comenzó definiéndose como més que un club, ha pasado del slogan a enfundarse en la bandera catalana como uniformidad deportiva y convertir cada celebración deportiva en su estadio en un acto de reivindicación nacionalista.

El tema tiene su enjundia, independientemente de la estética, habría que dilucidar, una vez aceptada la premisa del nacionalismo como identidad ¿Cuál es el papel de los no catalanes, depositarios de otra nacionalidad, enfundado en la bandera de Cataluña? El nacional que se enrola en una guerra, bajo una bandera que no es la suya, tiene una clara definición en todas las lenguas, lo cual quizás sería llevar el tema demasiado lejos.

 Barça

El uso y el abuso de la bandera como identidad deportiva

Actitud y aptitud del político ante el deporte.

Que en algún momento, cualquier político que se precie, por exigencias del guión de la modernidad y el progresismo, ha de enfundarse el chándal y hacerse la foto del deporte, es cosa sabida la razón es que, el deporte es una de las formas de atraer y validar su actitud tanto personal y política como deportiva, lo que en demasiadas veces pone al personaje público al borde del ridículo cuando no, convertido en un cómico esperpento, especialmente si media un elemento comparativo en el que además de la actitud, es preciso establecer el parámetro de aptitud. En muchos de estos casos, se pone revela que el día que su profesor de educación física explicó cómo se corría o como se jugaba, ese día, el político actual de turno faltó a clase.

Tampoco es desdeñable el afán que, los políticos en ejercicio, ponen de haber sido jugadores de grandes ligas o deportistas de élite; incluso buscándose a deportistas de renombre como entrenadores y, por supuesto, compañeros o rivales en la foto de prensa.

POLITICOS EN GENERAL

Los políticos y el deporte según su arte y capacidad

La foto del político haciendo deporte, es otro cantar: se prepara, se enfoca, se le coloca y se busca el efecto político y mediático aunque, a veces, los asesores de imagen perjudican notablemente a su patrocinado.

Un somero análisis de la muestra, nos ofrece a un Evo Morales dispuesto a comerse el mundo, un Pablo Iglesias que regatea y marca goles a la clase obrera, evidentemente más viejos y gastados que él, con una camiseta republicana inventada para la ocasión, ni la República jugaba con camiseta semejante, tenían mucho mejor gusto, ni mucho menos llegó a campeona del mundo para ponerse estrellita encima del escudo.

Qué decir de un Zapatero desbordado por el Cámeron locomotora que además exhibe la Inglaterra Unida en su camiseta con un estilo de corredor, evidentemente más académico y trabajado.

Un Chávez poco afortunado en el momento que le hicieron esta foto de apedreador, Rajoy en triciclo de reyes magos y Zapatero de nuevo en el maratón de Nueva York, escolta incluido, corriendo con el alias de José García, para rematar con gancho de patio de colegio de pago con Pedro Sánchez. Las cámaras, a veces, también cometen maldades

Politicos regateando

Los políticos y el deporte de compromiso.

Los políticos, en general, suelen ser partidarios de portar atuendos identitarios que les distingan y signifiquen como miembros de una determinada clase, cuando no, para poder ser tenidos como pertenecientes a la misma o a la que dicen defender. Los comunistas de la transición española, optaron por el pantalón corto, la barba sin cuidar y las sandalias cangrejeras modelo 1936 y, cuando no, por las zapatillas de esparto atadas a media pierna, modelo Frente de Gandesa. Los socialistas, por su parte, se adornaron con largas bufandas sin despreciar las consabidas barbas, un poco más cuidadas.

Hechas las consideraciones del chándal bolivariano, procede que echemos una mirada a los atuendos de la supuesta clase progresista, que con ideas y discurso del XIX, nuevamente se uniforma de clase o casta según proceda o quien lo mire.

La prenda identificativa de clase progresista actual es la mochila, no una del tipo celta o bergans de la época republicana, tampoco una altus de la transición, sino nuevas, con pedigrí y marca registrada.

La mochila se ha convertido en el sello de clase; si eres progresista llevas mochila. No importa la edad ni lo que haya que meter dentro, hay que llevar una mochila. Los que hicimos de la mochila una parte usual de nuestro equipaje, cuando solo servía para viajar con el contenido ordenado según sabias reglas de los teóricos de las actividades en la naturaleza, no podemos por menos que reconocer la utilidad de la prenda, solo que si ni van al colegio cargados con los materiales de la EGB, ni van a acampar al Congreso de los Diputados, no podemos por menos que preguntarnos ¿Dónde van con tanto aparato? ¿Qué llevan dentro?

 POliticos y mochilas

Políticos de izquierda con mochilas a la derecha, los de la derecha en su lado y algunos de izquierda en el suyo.

Ciertamente, cada uno puede llevar encima lo que quiera o lo que su espalda aguante. Nuestra preocupación, desde la educación física es reconocer que estos chicos y chicas, o bien no iban a las clases de educación física, o nunca fueron scouts, o han olvidado lo que aprendieron. Sorprende que teniendo la mochila dos bandas opten por llevarla colgada del hombro solo de una. Cualquier manual de higiene o de ejercicio físico, recomienda cuidar la espalda repartiendo bien la carga y colgando la mochila de los dos hombros para ir equilibrados.

La incógnita que se nos ocurre, en forma de pregunta sin maldad es que ¿Si dicen ser de izquierdas, porqué se cuelgan la mochila de la derecha? Bromas aparte, y sabiendo que lo moderno es llevar la mochila descolgada, a lo Pablo Iglesias, lo que es de lamentar es que siendo, como son, personajes públicos y mediáticos, no hagan el esfuerzo de llevar la mochila correctamente colocada, con estos ejemplos, que padres y profesores se empeñen en convencer a los escolares que la mochila se lleva a la espalda y colgada de ambos hombros, va a ser predicar en el desierto.

 

[1] Del discurso pronunciado por Fidel Castro Ruz, en la clausura los consejos del INDER, el 19 de noviembre de 1961.

 

[2] HIRCHBERGER, J.: (1997) Historia de la Filosofía. Platón. El hombre como alma. pp. 118. Barcelona. Herder.

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