REFLEXIONES SOBRE ALGUNAS NOCIONES BÁSICAS: LA AUTOPERCEPCIÓN


JOSE LUIS PASTOR PRADILLO

Maestro de Enseñanza Primaria, Licenciado en Educación Física, Licenciado en Psicología. Doctor en Ciencias Sociales. Doctor en Ciencias de la Educación. Profesor Emérito de la Universidad de Alcalá. Ex Director de la Revista Española de Educación Física y Deportes.

REFLEXIONES SOBRE ALGUNAS NOCIONES BÁSICAS: LA AUTOPERCEPCIÓN

Dr. José Luis Pastor Pradillo

No basta con que la estructura psicomotriz se organice de una manera eficaz o que su actividad se manifieste de manera más o menos diversificada si, al mismo tiempo, su funcionalidad no adquiere un mínimo sentido como consecuencia de la finalidad adaptativa por la que básicamente se rige. Pero esta intencionalidad o el objeto de una conducta, cualquiera que sea el área de actividad donde la encuadremos, ha de poseer el carácter adaptativo que nosotros hemos intentado expresar mediante la ecuación con la que representábamos la relación interactiva y dialéctica que se establece entre cualquier organismo y su medio: (O-M).

Otorgar al cuerpo la consideración de mero instrumento no tiene sentido, por lo que adoptábamos otros términos que expresaran mejor el complejo de significaciones de que es capaz y que, para posibilitar su mejor su comprensión, hemos sistematizado mediante un esquema en cuya cúspide situábamos al Yo, al Yo corporal, y en su base al esquema corporal. Más adelante tendremos ocasión de profundizar en el concepto de un Yo considerado como elemento fundamental de la personalidad y de su conducta pero, ahora, debemos aclarar, aunque sólo sea de forma somera, a qué nos referimos cuando utilizamos el término de esquema corporal.

1. Teorías sobre el esquema corporal

Antes de proceder al análisis exhaustivo de este concepto, posiblemente, sea conveniente destacar en él dos aspectos fundamentales:

– Su carácter instrumental, que condiciona la disponibilidad del organismo y su capacidad funcional.

– Su carácter de condición en el proceso de identificación y de formación del yo corporal.

Estas dos cualidades son interdependientes de tal manera que en la misma medida en que la estructuración del esquema corporal está más elaborada también es más completa la definición del Yo corporal e, igualmente, un Yo corporal más organizado permitirá diseños conductuales más variados. De la misma manera, si podemos afirmar que la experiencia de la acción es el factor principal para la construcción del esquema corporal, también lo será para la formación del Yo corporal y, por consiguiente, la capacidad de acción y de adquisición de experiencia dependerá del conocimiento que del esquema corporal se posea, en tanto que es condición imprescindible para el diseño de la conducta.

En resumen, la noción de esquema corporal, en cada individuo, se estructura, progresivamente, en función del conocimiento que alcanza de su propio cuerpo y de sus posibilidades funcionales o de acción. Es, por tanto, un producto de la experiencia conductual.

Dafontaine, definiría el ejercicio psicomotor como “las acciones corporales y psicofuncionales que tienen por objeto mantener, desarrollar y cuidar la armonía psicomotriz”. Podemos identificar esta armonía psicomotriz con aquella que representa el equilibrio constructivo entre cuantos elementos componen la estructura psicomotriz en su dialéctica permanente con el entorno. Esta comprensión la situa entre dos parámetros referenciales básicos: el tiempo y el espacio. Ajuriaguerra afirma que la “aprehensión del espacio y la concepción del cuerpo no son nociones aisladas” en tanto que, la dinámica del cuerpo, actuando, tan solo puede realizarse en el espacio.

La multiplicidad de significados que encierra o la diversidad de aspectos y circunstancias que inciden sobre el concepto de esquema corporal favorecen la adopción de numerosas perspectivas en su definición. Mientras que Pierón, de manera excesivamente simplista, entiende el esquema corporal como la “representación que cada uno hace de su cuerpo” desde la referencia del espacio, Ajuriaguerra lo concibe desde un “sentimiento” de nuestro propio cuerpo y de nuestro espacio corporal. Al mismo tiempo, para Wallon, el esquema corporal no es un dato inicial o una aptitud biológica, sino el resultado de la relación entre el individuo y su medio.

Tampoco será extraño encontrar distintas definiciones de la noción de esquema corporal según cúal sea la perspectiva o el interés parcial de cada autor y de cada una de las ciencias que lo describen. La definición de esquema corporal ha sido el resultado de un largo proceso que condujo a los neurólogos, psiquiatras y psicólogos a preguntarse acerca de las formas de percepción del cuerpo y de su constitución como modelo o forma de la personalidad. Expresiones como “imagen del cuerpo”, “esquema postural”, “yo corporal”, “cenestesia”, “somatognosia”, “gnosia corporal”, “concepto corporal”, “modelo postural”, etc., poseen significados muy cercanos y, en ocasiones idénticos, describiendo, cada uno de ellos, una misma realidad con algunos de sus atributos convertidos, en mayor o menor proporción, en el eje del análisis. Pero sea cual fuere la perspectiva elegida para este estudio, en todos los casos permanece como una característica diferenciadora la manera de acercarse su análisis:

– Aquellos que afirman que la estructura básica es producto de la actividad afectiva y, en consecuencia, se interesan por el cuerpo tal y como es vivenciado, (Wallon, Spitz o los psicoanalistas).

– Quienes explican el cuerpo y su intuición desde la actividad cognitiva, tal y como el sujeto, en cada momento, lo conoce.

Tanto la perspectiva ortopedista  como la psicoanalítica coinciden al considerar el esquema corporal como un concepto evolutivo, que se elabora progresivamente en función, sobre todo, de la acumulación de datos e informaciones, de todo tipo, contrastadas con el medio. Cada uno de estos enfoques revela una faceta distinta, conformando entre todos una significación compleja que, a menudo, integra conceptos distintos bajo un criterio de equivalencia no siempre acertado

– La Neurología

Desde este ámbito del conocimiento se realizó la primera aproximación conceptual desde la noción inicial de “cinestésia”. Con ella se pretendía describir cómo la sensibilidad difusa permite integrar cuanta información sensorial procede de las distintas partes del cuerpo. Sería P. Bonnier, en 1.833, quien describiría un primer esquema, diseñando una representación topográfica del cuerpo en la que distinguía dos aspectos: la “esquematía” o pérdida de la percepción topológica; y la “paraquematía”, cuando se confunden regiones o la representación de las partes del cuerpo. Bonnier, con el término de “esquema de nuestro cuerpo”, designa la figuración topográfica de la corporalidad[1]. Esta especie de representación se carga con un carácter más espacial cuando Pick, en 1.908, propone la noción de imagen espacial del cuerpo, relacionando las sensaciones percibidas en el cuerpo y la representación visual de este, de donde resulta la localización de los estímulos.

Finalmente, será Head el introductor de la noción de esquema postural, con la que incorpora a la noción de “imagen corporal” la dimensión temporal de una realidad dinámica y plástica, en constante elaboración, ante las aferencias aportadas por los sistemas sensorio-interoceptivo y propioceptivo. Así, el esquema de Head se constituye desde una imagen tridimensional del cuerpo que, más tarde, desarrollara Schilder y que ha sido el origen del concepto actual de esquema corporal[2].

– La Psicología Genética

Esta corriente enriquece más el concepto en la medida en que se subordina a otros aspectos de carácter evolutivo y vivencial que implican a áreas más concretas de la personalidad.

Henry Wallon propone que el esquema corporal sea entendido desde aspectos vivenciales vinculados al ámbito afectivo. Para este autor, el esquema corporal es “una necesidad que se constituye según las necesidades de la actividad”, no siendo, en principio, ni una entidad biológica, ni psíquica, sino el resultado de una dialéctica, de “la justa relación entre el individuo y el medio”. Considera Wallon que la representación del cuerpo es un elemento indispensable para la construcción de la personalidad del niño, siendo el esquema corporal la resultante de la relación que se establece entre el cuerpo kinestésico y el cuerpo visual. Esquemáticamente, para Wallon, el percepto corporal se irá constituyendo desde las experiencias que proporcionan las praxias más la actividad consciente y los resultados de la dinámica afectiva y de la relación social, iniciadas ambas desde el dialogo tónico como principal lenguaje.

R. Zazzo, al igual que Wallon, considera fundamental la imagen del otro y René A. Spitz intenta demostrar cómo, en esta etapa inicial, el mundo exterior domina la conciencia del niño a través, sobre todo, del mundo del otro.

– El Psicoanálisis

Aunque se ha ocupado del desarrollo de la imagen del cuerpo, numerosas nociones, enunciadas en su seno, se han incorporado a la descripción del esquema corporal. Conviene por tanto distinguirla, de forma específica, a fin de analizar, en profundidad, la significación afectiva que del cuerpo libidinal proponen.

A los datos neurofisiológicos de Head, Schilder, en 1.934, en su obra “La imagen del cuerpo”, añade la visión propia del psicoanálisis, proporcionando así un enfoque global del cuerpo que concibe como una “entidad psicológica y fisiológica indivisible”.

Para la teoría freudiana, el cuerpo es una referencia fundamental, el origen de todas las pulsiones o la expresión de las necesidades vitales y orgánicas (nutrición, sexualidad, etc.). Será también el lugar donde se inscriben las experiencias del placer ligadas a la satisfacción de esas necesidades. El “ego” psicoanalítico, derivará de las sensaciones corporales, como una proyección mental de la superficie del cuerpo, de forma que este ego o esquema corporal, vinculado al principio de la realidad, sería el resultado de todo lo que, integrado, llega a ser consciente y parte de la realidad psíquica.

– La Psicología Perceptiva

Esta escuela distingue dos grandes líneas: una se interesa por la evolución que este concepto experimenta en función del desarrollo o la maduración de otras dimensiones como puede ser, por ejemplo, la inteligencia; y, la otra estudia el cuerpo desde la perspectiva del mecanismo cognitivo necesario para su aprehensión

El estudio que realiza J. Pieget está situado en una constante alusión al desarrollo de los procesos cognitivos y a la estructura de la inteligencia. Para este psicólogo suizo la última consecuencia esencial del desarrollo de la representación es el propio cuerpo que “es concebido como objeto” gracias, sobre todo, a la imitación interiorizada en una representación, mediante la cual, el niño se figura su propio cuerpo “por analogía con el del otro”. Para culminar este proceso, Piaget, supone que en una primera etapa, lo único que posee el niño es su “propia acción”, que realiza sin tener conocimiento de sus actos y mediante la cual, lentamente, accederá a un conocimiento fragmentario de su cuerpo. En un segundo período, la aparición de la capacidad de aprehensión y la organización del esquema sensoriomotor, a través de la coordinación (visual y táctil, sobre todo), el cuerpo del niño llegara a ser un objeto entre otros. Se diferencia así del mundo (del no yo) con el que, hasta entonces, había estado confundido. Finalizará esta identificación de los objetos cuando establezca sus relaciones con la dimensión espacio-temporal.

En definitiva, para Piaget, el conocimiento y la representación del cuerpo, imprescindibles como organizadores de conducta, estarían directamente relacionados con la capacidad que determina el desarrollo mental.

Otros autores como Wapner, Werner o Witkin, estudian el cuerpo desde la perspectiva del mecanismo de su conocimiento. Lo estudian como se le conoce o, más exactamente, como se le percibe. Entenderán la percepción del cuerpo en función de la percepción de los objetos exteriores y no como algo aislado, destacando que ambas percepciones, la del yo y la del no yo, se rigen por la interacción establecida entre el organismo y su medio. La percepción del no yo es imposible sin una referencia corporal y viceversa[3].

            Así, afirman que el sujeto experimenta su cuerpo según la calidad de la relación que mantiene con el medio y, sobre todo, según la capacidad de acción que, sobre él es capaz. De esta manera, la imagen corporal se concluye, como imagen de retorno, al “reflejarse” el yo, mediante la experiencia de la acción, en el espejo que representa el medio.

            Para Wittkin, el esquema corporal debe considerarse dentro del contexto global de conocimiento psicológico. Cree que existe una asociación entre las características de la diferenciación psicológica con un modelo articulado de vivenciación del mundo. Entiende por concepto de cuerpo la impresión sistemática que un individuo posee de su cuerpo, de manera cognitiva, afectiva, consciente e inconsciente y formada en el transcurso del crecimiento y del período evolutivo.

2. Definición de esquema corporal

Cuando Wallon lo define como “el resultado y la condición de relaciones precisas entre individuo y medio”, está destacando su capacidad para ser, a la vez, resultado y condición. Retomando la metáfora de comparar el esquema corporal con la imagen reflejada en el espejo de la realidad, habría que completar esta relación aclarando que la información de retorno que proporciona el “espejo”, el medio, al propio sujeto sobre su imagen está, al tiempo, condicionada por la misma capacidad del esquema corporal para “mirarse” en el espejo, es decir, por la disponibilidad conductual, la capacidad de acción y por la experiencia que permite la actuación que sobre el medio ejerce el propio esquema corporal. Así, el individuo conoce su propia imagen reflejada en el medio, según sea su capacidad y modo de relacionarse con el no yo y, simultáneamente, esa relación se decide y diseña en función del concepto o de las capacidades que permite el estado de estructuración del esquema corporal.

En resumen, como describiría F. Bartlett, el esquema corporal “es una organización activa de las reacciones o experiencias paralelas que intervienen en toda respuesta adaptada”[4].

La definición de esquema corporal propuesta por Wallon supone dos cualidades de distinta naturaleza aunque inseparables una de otra: como producto de las interacciones establecidas entre el organismo y su medio, cuyo resultado será tan imprevisible como lo son las circunstancias coyunturales de esa relación; y, en segundo lugar, como condición sin la cual no es posible establecer la relación y que, incluso, cualifica como será ésta. Un esquema corporal mal estructurado limitará esta relación hasta niveles poco eficaces desde el punto de vista de los intereses adaptativos.

Wallon y también Le Boulch, mantienen la relación organismo-medio (O-M, yo-mundo), como la principal motivación de la estructuración del esquema corporal, concibiéndola como una idealización de la realidad compleja.

J. Coste, afirmaba que el esquema corporal “corresponde a la organización psicomotriz global, comprendiendo todos los mecanismos y procesos de los niveles motores, tónicos, perceptivos y sensoriales, expresivos (verbales y no verbales), procesos en los cuales y por los cuales, el nivel afectivo esta constantemente investido” de significado. Incluye en esta organización a todos los ámbitos y perspectivas que definen la globalidad del hombre. No se conforma con la descripción de los procesos perceptivos y motrices de la acción, sino que también incluye el significado o la intencionalidad afectiva que sustenta los comportamientos. La acción no será una conducta neutral sino que, su objetivo, será el de la adaptación al medio. Así, podría afirmarse que el concepto de esquema corporal incluye una doble realidad: un conjunto de automatismos que aseguran la motricidad humana y una posibilidad de inhibición y de control de estos automatismos por una acción voluntaria y corticalizada.

3. El esquema corporal desde la perspectiva psicomotriz

El enfoque que del esquema corporal elabora la psicomotricidad, lo realiza, fundamentalmente, con las aportaciones de Pierre Vayer y Jean Le Boulch.

Para Pierre Vayer el conocimiento y la representación del cuerpo juega un papel definitorio en las relaciones que se establecen entre el yo y el mundo exterior. Como Wallon, considera el esquema corporal como un elemento básico e indispensable para la construcción de la personalidad del niño, siendo, en su opinión, “la organización de las sensaciones relativas a su propio cuerpo en relación con los datos del mundo exterior”, constituyéndose esta organización en el punto de partida de las diversas posibilidades de acción del sujeto, lo que implicara que su estructuración correcta ha de pasar por la consecución de los siguientes objetivos:

– La percepción y el control del propio cuerpo, es decir, la interiorización de las sensaciones relativas a cada una de las partes del cuerpo y la sensación de globalidad del mismo.

– Un equilibrio postural económico.

– Independencia de los diferentes segmentos del cuerpo con relación al tronco y entre sí.

– Dominio de las pulsiones y control de las inhibiciones ligadas al esquema corporal y al control de la respiración.

Vayer distingue entre “esquema corporal” y “yo corporal”. Para él, este último concepto representaría el “conjunto de relaciones y acciones del sujeto que tienen por misión el ajuste y adaptación al mundo exterior”. Se trataría de una noción muy general producto, a la vez, de la experiencia y de los datos propios del individuo, susceptibles también de transformación y ampliación bajo la influencia de nuevas experiencias.

Su definición de esquema corporal implicaría dos vertientes en la actividad motriz que ya fueron señaladas por H. Wallon: la orientada hacia sí mismo o la actividad tónica que constituye la trama donde se inscriben las actividades y las posturas; y la orientada hacia el mundo exterior mediante el movimiento o actividad cinética.

Estas dos orientaciones de la actividad motriz, se corresponden con los dos aspectos fundamentales de la función muscular: la motilidad que asegura la relación con el mundo exterior gracias a los desplazamientos y los movimientos; y la tonicidad que hace posible la conservación del equilibrio como componente inicial del esquema ante cualquier acción diferenciada.

Jean Le Boulch, creador de la Psicocinética, define el esquema corporal como la “intuición global o conocimiento inmediato de nuestro cuerpo, sea en estado de reposo o en movimiento, en función de la interrelación de sus partes y, sobre todo, de su relación con el espacio y los objetos que nos rodean”.

Apoyándose también en Wallon, sostiene que esta noción es el núcleo de la sensación de certeza, de “disponibilidad” de nuestro cuerpo, a la vez que el centro de nuestra vivencia de la relación con el medio, de la relación universo-sujeto, yo-no yo, organismo-medio. Por esta razón, para Le Boulch, un esquema corporal mal estructurado representaría un déficit en esa relación sujeto-mundo, que se manifestara en diversos planos:

– En el plano de la percepción, como dificultad de estructuración espacio-temporal.

– En el plano de la motricidad, a través de torpeza o incoordinación, mal ajuste postural, etc.

– En el plano de la relación con los demás, generando inseguridad que puede perturbar afectivamente al sujeto y, como consecuencia, dificultar estas relaciones.

4. La imagen corporal

La superación del concepto neurológico que representaba la noción de esquema corporal requirió una nueva terminología que expresara más certeramente los nuevos contenidos que se incluían como datos necesarios para una más completa autopercepción.

Desde el ámbito de la Psicología, tras el abandono de la perspectiva dualista, se concibe un hombre que no solo se piensa a sí mismo sino que su dimensión somática se convierte en parte imprescindible para alcanzar esta percepción. Y de la misma manera que podemos utilizar el término de esquema corporal como fórmula genérica para designar una determinada estructura de conocimiento, igualmente se puede recurrir al término de imagen corporal para expresar una autopercepción diferente elaborada con muchas de aquellas informaciones que no fueron utilizadas para describir el esquema corporal. Tal y como recuerda F. Dolto, entre ambos conceptos existen diferencias fundamentales[5]. El esquema corporal se forma como consecuencia del actuar, en contacto con el mundo, y en niveles conscientes y preconscientes. A diferencia de este, la imagen corporal, que se construirá como una recopilación de la biografía afectiva, se desarrolla en el nivel inconsciente.

P. Schilder considera la imagen corporal como “una representación que nos hacemos mentalmente de nuestro cuerpo, es decir, la forma en que este se nos aparece”, lo cual define una perspectiva muy distinta a la anterior[6]. Cargado de apreciaciones más subjetivas y de información afectiva, para Fischer y Cleveland, la imagen corporal hará referencia a “las actitudes del individuo normal con respecto a su cuerpo” que, al utilizarlas “como pantalla sobre la que proyecta sus sentimientos, ansiedades y valores”, también se refieren a su identidad[7].

Desde un planteamiento más vivencial, R.M. Raich la describe como “un constructo complejo que incluye tanto la percepción que tenemos de todo el cuerpo y de cada una de las partes, como del movimiento y límites de este, la experiencia subjetiva de actitudes, pensamientos, sentimientos y valoraciones que hacemos y sentimos y el modo de comportarnos derivado de las cogniciones y los sentimientos que experimentamos”[8].

Como puede comprobarse, quienes utilizan este término, habitualmente pretenden amparar una comprensión del hombre más que del cuerpo y, por tanto, de cuantas circunstancias lo definen vivencialmente. Cuando Rosen utiliza la noción de imagen corporal aclara que es “un concepto que se refiere a la manera en que uno percibe, imagina, siente y actúa respecto a su propio cuerpo”[9], remitiéndonos así a la esfera propia del Yo. No es extraño, por tanto, que Thompson, en un intento de recapitulación, construya su concepto de imagen corporal con tres materiales fundamentales: perceptual, subjetivo (cognitivo-afectivo) y conductual[10].

Así pues, se puede acceder a la percepción de sí mismo a través de distintas informaciones pero, en cualquier caso, procedan de la percepción o de la vivencia, la alusión al Yo se mostrará cada vez más explícita, por lo que René Spitz no tardaría en percatarse de las posibles referencias que a su alrededor podían suscitarse distinguiendo entre: el “ego” , el “no yo” que relaciona con la conciencia de lo exterior al sujeto, y el self o resultado de la experiencia. Cada uno de ellos obtendrá un conocimiento específico del individuo y de su actuar y, como consecuencia, requerirá de matizaciones que los describan de forma diferenciada[11].

El ego corporal, que como parte del ego de origen psicoanalítico constituye el sí mismo, representaría la “proyección mental de la superficie del cuerpo derivada de las sensaciones corporales”[12]. El Yo corporal, para Federn, se constituiría “como un sentimiento de las relaciones del cuerpo y de la mente como una unidad en el espacio, tiempo y causalidad”[13].

En Psicología, el desarrollo de la noción “sí mismo” resaltó los matices diferenciales existentes entre el Yo y el self. Originalmente, mientras que el Yo hacía referencia a los procesos que rigen la acción, en la conducta con fines adaptativos se reservaba al término self, sí mismo, los aspectos más perceptuales y contemplativos. El self estaría referido a “aquello que la persona piensa de sí misma, con las actitudes, los sentimientos, percepciones y evaluaciones que la persona experimenta, mantiene y percibe de sí misma”, en definitiva, la imagen o representación de sí mismo[14].

De forma genérica y desde una amplia perspectiva psicomotriz, que no esté comprometida estrictamente con una corriente psicológica concreta, sería más adecuado referirse a la imagen corporal, como objetivo de su intervención o como elemento de su estrategia, que al esquema corporal. No quiere decir esto que se deba obviar ninguno de los contenidos integrados en cualquiera de los conceptos sino que, para ser coherentes con la orientación globalizadora que impone la Psicomotricidad, parece más pertinente, por su amplitud de significación, el término genérico de imagen corporal.

5. Consecuencias pedagógicas

Posiblemente esta polémica sobre el uso adecuado de esquema corporal e imagen corporal no sea excesivamente trascendente, habida cuenta de la discrecionalidad con que habitualmente se utilizan los recursos taxonómicos en el ámbito de la Educación Física. Sin embargo, sí creemos de suma importancia que estos usos no desvirtúen o empobrezcan la compleja significación de un concepto en el que, según a que ámbito de actuación lo refiramos, se destacan por su importancia contenidos diferentes. Por tanto, para una adecuada comprensión de los factores que componen la intervención psicomotriz, en cada caso, deberá discriminarse correctamente los aspectos identificadores de la versión más adecuada y necesaria del autoconocimiento del individuo.

En el ámbito de la Educación Física, cuando se aborda la autopercepción del individuo como parte de la labor de construcción de su estructura psicomotriz, sea cual fuere la concepción que se adopte, el término que se emplee o el tipo de argumentación psicológica que se utilice para fundamentar su estrategia, la intervención psicomotriz deberá atenderse, al menos, a tres contenidos fundamentales o a tres modos distintos de conocimiento:

– Conocimiento topológico de las partes que constituyen el cuerpo, de sus dimensiones, de los segmentos corporales y de sus posibilidades funcionales. Lo que habitualmente se identificaría con el esquema corporal.

– Conocimiento conductual o práxico y de la disponibilidad ubicando su actuación en el medio dentro de los parámetros espacio-temporales. Lo que en ocasiones se denomina como autoconcepto.

– Valoración, aceptación y vivenciación de sí mismo, casi siempre con un valor subjetivo como el de belleza, bondad, etc. En este conocimiento se incluiría lo que en ocasiones se identifica con la autoestima.


[1] Bonnier, P.: “L’aschematie”, Revue Neurologique, nº 54, (1905), pp. 605-609.

[2] Head distingue, desde este planteamiento, tres tipos de esquemas parciales:

– Los que aseguran la apreciación del tono postural y la posición de los distintos segmentos corporales en el espacio.

– Los que describen la superficie del cuerpo asegurando la localización de estímulos periféricos.

– Los esquemas que informan del intervalo temporal en los distintos estímulos percibidos.

[3] De esta dialéctica, organismo- medio, surgirán conclusiones que estarán referidas, fundamentalmente, a los siguientes contenidos:

– Variaciones entre la percepción del cuerpo y de los objetos exteriores en función del estado corporal.

– Efectos de la percepción del cuerpo según las variaciones del tamaño del espacio.

– Percepción del cuerpo según el uso de éste como instrumento de relación con el medio.

– Efectos de la variación intencional de la interacción yo-medio sobre la percepción del cuerpo y de los objetos.

[4] Bartlett, F.C.R.: A study in experimental and social psychology, Londres, Cambridge, 1932. Citado por Ajuriaguerra, J. de: op. cit, p. 91.

[5] Dolto, Francis: La imagen consciente del cuerpo, Barcelona, Ed. Paidós, 1990, p. 21.

[6] Schilder, P.: Imagen y apariencia del cuerpo humano, México, Ed. Paidós, 1987, p. 15.

[7] Fischer, S. Y Cleveland, S.E.: Personalidad, percepción del cuerpo y límites de la imagen corporal. El precepto del cuerpo, Buenos Aires, Ed. Paidós, 1969, p. 56.

[8] Raich, R.M.: Imagen corporal: conocer y valorar el propio cuerpo, Madrid, Ed. Pirámide, 2000, p. 25.

[9] Citado por Raich, R.M.: ibid, p. 24.

[10] Ibid. p. 25.

[11] Cit. por Ajuriaguerra, J. de: op. cit., pp. 92-93.

[12] Ballesteros, S.: El esquema corporal, Madrid, Ediciones TEA, 1982, p. 35.

[13] Federn, P.: Ego Psychology and the Psychosis, Londres, Lund Humpires, 1953. Cit por Ballesteros, S.: op. cit., pp. 249-260.

[14] L’Ecuyer, R.: El concepto de sí mismo, Barcelona, Ed. Oikos-Tau, 1985, p. 22.

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