DEL DEPORTE DEL PODER AL PODER DEL DEPORTE. DE LA VACUNA DE NOVAK DJOKOVIC A LOS DIÁLOGOS Y MANIOBRAS ORQUESTALES, Y ECONÓMICAS, DE RUBI Y GERI

Prof. Dr. Manuel Vizuete Carrizosa
Maestro de Enseñanza Primaria – Licenciado en Educación Física – Licenciado en Geografía e Historia – Doctor en Historia Contemporánea. Catedrático de Universidad. Líneas de Investigación: Didáctica de la Educación Física. Producción Materiales Didácticos. Historia, Política y Filosofía del Deporte. Formación del Profesorado. Fundador de La European Union Physical Education Associations (EUPEA) Comité de Expertos del Consejo de Europa. Coordinador del Foro Hispanomexicano de la Educación Física y el Deporte.

DEL DEPORTE DEL PODER AL PODER DEL DEPORTE. DE LA VACUNA DE NOVAK DJOKOVIC A LOS DIÁLOGOS Y MANIOBRAS ORQUESTALES, Y ECONÓMICAS, DE RUBI Y GERI

Prof. Dr. Manuel Vizuete Carrizosa

Catedrático de Universidad – España

Suele ser bastante habitual que cuando se forman los equipos de gobierno, casi en todos los lugares y niveles, con alguna honrosa e inteligente excepción, le suelen asignar las competencias en deportes a políticos de segunda fila, bien mandados, y que aceptan el cargo entre resignación y esperanza, con la impresión de estar en una especie de limbo del que esperan salir a no mucho tardar. Se encargan del deporte, aunque como decía el gran Paco Iribarne, lo más redondo que han visto en su vida es una pastilla de chocolate o, a juicio de otros, se encarga del deporte el más tonto de la cuadrilla para que esté ocupado y no moleste demasiado.

Desde que Thomas Arnold, (1795-1842), clérigo protestante conocido como el Padre del Deporte e introductor de grandes reformas en la enseñanza en Gran Bretaña, especialmente entre 1827 a 1842 en que ocupó el cargo de Headmaster del Rugby College, se propuso reformar las costumbres de los estudiantes mediante el fomento en sus alumnos de la afición por los juegos reglamentados, para desarrollar la iniciativa y la responsabilidad recomendando, además, la máxima lealtad en sus acciones y definiéndolo como fair play.

La propuesta educativa original de Thomas Arnold incorporaba al viejo sistema de enseñar deleitando, mediante la acción catártica producida por el ejercicio físico y la confrontación reglamentada, la posibilidad de introducir pautas concretas de comportamiento y una jerarquía de valores morales, religiosos y sociales, contemplados y entendidos desde la moral y la ética cristiana, que fueron definidos en su origen como altruismo. Su método se extendió rápidamente por los Colegios y Universidades Inglesas como uno de los elementos decisivos de la educación integral y, posteriormente, a través de la expansión comercial y de la política británica al resto de Europa y a los Estados Unidos de América.

Descubierto, desde su aparición, como un poderoso método de proyección cultural y educativa, el deporte viaja en los barcos y en las botas del Imperio Británico durante todo el siglo XIX y gran parte del XX; junto con la lengua y el té, el deporte es el tercer elemento de la identidad cultural británica, al que no consiguieron detener ni las grandes guerras, ni las enormes pandemias del XX.

El gran periodista Julio Camba, en sus crónicas para ABC, durante la Primera Guerra Mundial, definía así este rasgo cultural:[1]

La guerra y el sport ¿Que soldados son esos que hacen la guerra en trajes de sport, que toman té por las tardes y que se van a pasar los week-ends o fines de semana a Londres? ¿Qué soldados son esos a los que Lord Kitchener los despide como si fueran a jugar una partida de foot-ball, dándoles por toda alocución patriótica una serie de preceptos higiénicos? Los ingleses están quitándole toda teatralidad a la guerra.

-No son soldados -dice un periódico-. Son hombres de sport.

Sport y Militarismo– El Ejército de tres millones, que ha comenzado ya a desembarcar en Francia, más que un Ejército parece un formidable equipo de foot-ball. Va a combatir como pudiera ir a jugar un match. Su espíritu no es lo que nosotros entendemos por espíritu militar. Es un espíritu sportivo, lo mismo que son sportivos los trajes de los soldados. ¡A jugar la gran partida! ¡A salvar en ella el honor y los intereses de Inglaterra! ¡Y a portarse bien, con valentía, con elegancia, de una manera que sea sportsmanlike!  Zúrich, diciembre de 1914.

El descubrimiento  del valor del deporte por la clase política fue ciertamente temprano; el propio Pierre de Coubertin lo experimentaría en carne propia cuando tras ímprobos esfuerzos y no pocos desplantes e incomprensiones, por parte de la clase política, esta se abrió paso a codazos y empujones, hasta colocarse en la presidencia de la foto oficial de los primeros juegos olímpicos de la era moderna, dejando a Coubertin en un lugar marginal.

Athens 1896 report cover.jpg

A la rentabilidad política siguió la económica, en una doble espiral entrelazada, en la que es difícil saber cuáles son los intereses, y donde quedaron los valores que los creadores del deporte defendieron como socialmente progresistas y educativos.

La satisfacción personal y colectiva de los deportistas y de las masas de seguidores del deporte, los cambios y los beneficios que pueden representar en el desarrollo de las posibilidades físicas de cada uno, o la generación de empleo, son argumentos empleados habitualmente por los políticos a la hora de justificar sus relaciones de conveniencia con el deporte. En la actualidad, y cada vez con mayor frecuencia, se recurre a este tipo de razonamientos a la hora de justificar el destino de enormes sumas de dinero público a las inversiones que se realizan en este campo.

Para Denis Howell que fue Ministro responsable de los deportes en el Reino Unido y Presidente del Comité de Deportes del Consejo de Europa, el hecho es que las actividades físicas, y en especial el desarrollo del deporte como fenómeno social, se ha convertido en una fuente de nuevos problemas que han de ser tratados políticamente, la mayoría de ellos por su trascendencia de forma internacional. Nos estamos refiriendo a fenómenos específicamente relacionados con las actividades deportivas que tienen una gran trascendencia social y política, muy en especial al futbol: los actos vandálicos, el hooliganismo, el dopping y la corrupción, se suceden de forma tan rápida y en tal medida, que impiden que los gobiernos y las estructuras policiales y jurídicas puedan dedicarse, y dedicar tiempo y medios económicos, a resolverlos de forma eficaz.

La finalidad esencial del deporte, como principio, es su consideración de bien social. Su justificación se establece en relación con el individuo en sociedad, en la posibilidad de expresión de su propia personalidad, en el desarrollo de sus posibilidades de relación, y en conseguir que se sienta miembro de un equipo. Ser capaz de contribuir al esfuerzo común sacrificando el beneficio propio o el lucimiento personal, son factores de educación de la personalidad contenidos en el deporte. Sin embargo, de la misma manera que la actividad competitiva contribuye a crear una serie de actitudes y hábitos beneficiosos para la vida del ciudadano, la actividad deportiva y su dinámica social acaban determinando una nueva ética y una nueva escala de valores que, a  juicio de Howell, prostituyen la esencia de lo que se entiende como deporte.[2]

Dentro de estas nuevas circunstancias, habría que incluir de forma sobresaliente el abuso gubernamental del fútbol en todos sus niveles y del deporte de alta competición, incluido el que se le atribuya y se le considere como proyección internacional de los valores nacionales. Esta apreciación política del deporte, social y populista, vendida a modo de justificación por los poderes públicos, es la que santifica no sólo la inversión de enormes sumas de dinero en la construcción de deportistas de laboratorio sino, incluso, la complicidad de algunos estados o países en el empleo de sustancias prohibidas, de recursos ilegales, o el empleo de otros métodos de ética dudosa, con tal de ingresar en el club de los medallistas o triunfadores, por una parte, o vender imagen de país desarrollado y de calidad de vida.

La utilización del deporte y de los eventos deportivos como recurso político es un hecho generalizado desde hace mucho tiempo. Sin embargo, en los últimos años y debido a la gran proyección, prácticamente universal, alcanzada por el deporte a todos los niveles, gracias a su difusión a través de  los medios de comunicación, su empleo político ha alcanzado niveles de repercusión equiparables, e incluso superiores, a los de los propios hechos políticos que ignoran o favorecen. No hemos de perder de vista que las actividades físicas y los deportes son un hecho cultural reciente, y que pese a que su origen como fenómeno educativo y cultural  generalizado y en progresión está en el siglo XIX, hasta el pasado siglo, no comienza a salir a la calle abandonando los círculos restringidos y de clase en que se había mantenido, para convertirse en un hecho social y cultural generalizado.

Desde esta perspectiva, las actividades físicas y el deporte, por ese maridaje de conveniencia que mantienen con la política, o mejor aún, con la clase política, son un parámetro fiable del progreso de la sociedad, de la evolución las ideas que tratan de comunicársele, de los usos y costumbres, de las escalas de valores, y de las pautas de comportamiento que en cada momento y lugar, son el fiel reflejo de lo que el pueblo entiende como la más auténtica expresión de su  identidad colectiva.

Para John Lucas,[3] nada más gráfico que la evolución en la línea del pensamiento y en las pautas de actuación, en relación con las ideas, que las políticas llevadas a cabo por los líderes del movimiento olímpico en la segunda mitad del pasado siglo. Refiere como J. Sigfrid Edstrom que presidió el C.O.I. entre 1942 y 1952, no dudaba en absoluto en declarar su aversión por la mezcla del deporte con la política, sosteniendo que: el uso de los Juegos Olímpicos y de los deportes buscando o permitiendo el beneficio de la clase política, los convertiría en una simple exhibición y se perdería el valor y la  razón de ser de los Juegos.

En los últimos tiempos, el viento ha comenzado a levantar, ligeramente, las bien ancladas y muy pesadas alfombras del deporte, para mostrar su importante músculo político, mediático y económico, así como la podredumbre que, a lo largo de casi un siglo, los poderes fáticos del deporte y de las estructuras deportivas han ido metiendo y guardando cuidadosamente debajo de la alfombra.

El primer pulso ha sido el de Novak Djokovic, nada menos que a todo un gobierno australiano con el asuntodee la acuna contra la Covid 19, el tenista, se negó a vacunarse, burló los controles de vacunación y los requisitos de prevención anti pandemia del estado australiano, terminó llevando la cuestión a los tribunales, mientras permanecía aislado, pero manteniendo su entrenamiento en el país, hasta que, finalmente, los tribunales confirmaron su deportación. Poder de proyección mediática, por ser quien soy, y poder económico para plantar cara ante los tribunales al gobierno australiano, porque puedo y quiero.

Actualmente estamos en medio del asunto  Supercopa; ya es sorprendente que la supercopa de España no se juegue en España, sino en Arabia Saudí, pro conociendo los manejos, trapacerías y las maniobras de cubes y federativas, a nadie le llama a escándalo, a pesar del mal olor que a todas luces puede percibir cualquier interesado en el deporte y en el fútbol como caso cultural, social y económico.

Como el caso es de plena actualidad y, aún inconcluso, dejamos unos videos para que cada uno comience a construir su propia idea del asunto, sobre el que, obviamente, habrá que volver. No sin antes recordar las advertencias  de los viejos barones del olimpismo referentes al poder de las estructuras deportivas, cuando decían que, en el futuro, serían estas mismas estructuras las que decidirían el resultado de las competiciones, en función de sus intereses.


[1] CAMBA J.: ABC, Madrid, 15 de Diciembre de 1914.

[2] HOWELL DENIS, M.P.: Sport and Politics – An international perspective., Sport and Politics – Wingate Institute for Physical Education and Sport, Jerusalem, The Emmanuel Gill Publishing House, 1983.Págs. 7 – 19.

[3] LUCAS, J.: Some Thoughts on International Politics, The Olympic Games and the Olympic Movement. Sport and Politics  – Wingate Institute for Physical Education and Sport, Jerusalem, The Emmanuel Gill Publishing House, 1.983.Pág. 21.

Un comentario sobre “DEL DEPORTE DEL PODER AL PODER DEL DEPORTE. DE LA VACUNA DE NOVAK DJOKOVIC A LOS DIÁLOGOS Y MANIOBRAS ORQUESTALES, Y ECONÓMICAS, DE RUBI Y GERI

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s