JUEGOS OLÍMPICOS. EDUCACIÓN, CULTURA, DEPORTE Y POLÍTICA

Maestro de Enseñanza Primaria – Licenciado en Educación Física – Licenciado en Geografía e Historia – Doctor en Historia Contemporánea. Catedrático de Universidad. Líneas de Investigación: Didáctica de la Educación Física. Producción Materiales Didácticos. Historia, Política y Filosofía del Deporte. Formación del Profesorado. Fundador de La European Union Physical Education Associations (EUPEA) Comité de Expertos del Consejo de Europa. Coordinador del Foro Hispanomexicano de la Educación Física y el Deporte.

JUEGOS OLÍMPICOS. EDUCACIÓN, CULTURA, DEPORTE Y POLÍTICA

Prof. Dr. Manuel Vizuete Carrizosa

Catedrático de Universidad

Texto con hipervínculos

Educación Física, Deporte y Política.

Avery Brundage, Presidente del Comité Olímpico Internacional (C.O.I), aseguró en cierta ocasión que el deporte y la política eran dos entidades distintas que nada tenían que ver la una con la otra. En su fervor olímpico, no sólo se equivocaba, sino que, probablemente, lo hacía de forma consciente tratando de proporcionar una mayor  credibilidad al olimpismo cuya imagen, en lo que se refiere a sus relaciones con el mundo de la política, estaba cuestionada entonces y hoy, fuera de toda duda, es aceptado como un hecho normal e irreversible. Política y actividades físicas no sólo están indisolublemente unidas en la actualidad, sino que, existen suficientes estudios y también la conciencia clara y generalizada de que fue así desde el principio de los tiempos, muy especialmente en la génesis del movimiento olímpico moderno.[1]

La educación física, como medio de educación por el movimiento, y el deporte, como método de educación física, susceptible de contener y difundir ideologías, comportamientos, o modos de plantear la cultura y las relaciones humanas, han sido siempre objeto de atención por parte de los poderes públicos. La justificación política, por lo general, suele ser el valor educativo-social de las actividades físicas. Se afirma, en este caso, que las actividades físicas y el deporte favorecen el desenvolvimiento social de los ciudadanos, la expresión de su propia personalidad y la relación con sus semejantes.

La satisfacción personal y colectiva de los deportistas y de las masas de seguidores del deporte, los cambios y los beneficios que pueden representar en el desarrollo de las posibilidades físicas de cada uno, o la generación de empleo, son argumentos empleados habitualmente por los políticos a la hora de justificar sus relaciones de conveniencia con el deporte. En la actualidad, y cada vez con mayor frecuencia, se recurre a este tipo de razonamientos a la hora de justificar el destino de enormes sumas de dinero público a las inversiones que se realizan en este campo.

Para Denis Howell,[2] el hecho es que las actividades físicas, y en especial el desarrollo del deporte como fenómeno social, se ha convertido en una fuente de nuevos problemas que han de ser tratados políticamente, la mayoría de ellos, por su trascendencia, de forma internacional. Nos estamos refiriendo a fenómenos específicamente relacionados con las actividades deportivas que tienen una gran trascendencia social y política: los actos vandálicos, el hooliganismo, el dopping, etc., se suceden de forma tan rápida y en tal medida, que impiden que los políticos puedan dedicarse, y dedicar tiempo y medios económicos, a resolverlos de forma eficaz, entorpeciendo el que la acción política y el esfuerzo público se dedique a trabajar sobre el concepto Deporte para todos en la forma en que la carta internacional de la UNESCO lo entiende.[3]  La dinámica y la evolución de la sociedad en general, la pérdida de empleo, o la aparición de nuevas lacras sociales, obligan a emplear los recursos educativos y sociales disponibles para las actividades físicas, en atender a la cada vez mayor población de desocupados, y en tratar de llevar a cabo una política eficaz de actividades de tiempo libre.

La finalidad esencial del deporte, como principio, es su  consideración de bien social. Su justificación se establece en relación con el individuo en sociedad, en la posibilidad de expresión de su propia personalidad, en el desarrollo de sus posibilidades de relación, y en conseguir que se sienta miembro de un equipo. Ser capaz de contribuir al esfuerzo común sacrificando el beneficio propio o el lucimiento personal, son factores de educación de la personalidad contenidos en el deporte. Sin embargo, de la misma manera que la actividad competitiva contribuye a crear una serie de actitudes y hábitos beneficiosos para la vida del ciudadano, la actividad deportiva y su dinámica social acaban determinando una nueva ética y una nueva escala de valores que, a  juicio de Howell, prostituyen la esencia de lo que se entiende como deporte.[4]

Dentro de estas nuevas circunstancias habría que incluir el abuso gubernamental del deporte, hecho en el que se inscribe la consideración del deporte como proyección internacional de los valores nacionales. Para lo cual se está dispuesto, no sólo a invertir enormes sumas de dinero en la construcción de deportistas de laboratorio, sino incluso a justificar la complicidad del propio estado en el empleo de sustancias prohibidas, de recursos ilegales, o el empleo de otros métodos de ética dudosa, con tal de ingresar en el club de los medallistas o triunfadores.[5]

Otro de los abusos estaría en las relaciones que el estado de derecho establece con los deportistas de élite entendidos como ciudadanos, que en muchos casos suponen la violación de sus derechos fundamentales incluido el de su desarrollo integral como personas, o en otros casos, la existencia de situaciones de complicidad en las que el propio estado incurre en relación con esta misma consideración de ciudadanos y sus obligaciones.

La utilización del deporte y de los eventos deportivos como recurso político es un hecho generalizado desde hace mucho tiempo. Sin embargo, en los últimos años y debido a la gran proyección, prácticamente universal, alcanzada por el deporte a todos los niveles, gracias a su difusión a través de  los medios de comunicación, su empleo político ha alcanzado niveles de   repercusión equiparables, e incluso superiores, a los de los propios hechos políticos que ignoran o favorecen: los boicots a los distintos Juegos Olímpicos, la exclusión de Sudáfrica de cualquier evento deportivo mientras existiera el apartheid, la utilización del deporte como arma de presión política (Afganistan – Juegos Olímpicos de Moscú), etc.,[6] o su empleo como llave diplomática (diplomacia del  ping-pong entre China y Estados Unidos), y como elemento de política nacional o autonomista como en el caso de los Juegos Olímpicos de Barcelona, es una situación generalizada en nuestros días.[7]

No hemos de perder de vista que las actividades físicas y el deporte son un hecho cultural reciente, y que pese a que su origen como fenómeno educativo y cultural  generalizado y en progresión, está en el siglo XIX, hasta este siglo, no comienza a salir a la calle abandonando los círculos restringidos y de clase en que se había mantenido, para convertirse en un hecho social generalizado.

Desde esta perspectiva, las actividades físicas y el deporte, por ese maridaje de conveniencia que mantienen con la política, o mejor aún, con la clase política, son un parámetro fiable del progreso de la sociedad, de la evolución las ideas que tratan de comunicársele, de los usos y costumbres, de las escalas de valores, y de las pautas de comportamiento que en cada momento y lugar, son el fiel reflejo de lo que el pueblo entiende como la más auténtica expresión de su  identidad colectiva.

Para John Lucas,[8] nada más gráfico que la evolución en la línea del pensamiento y en las pautas de actuación, en relación con las ideas, que las políticas llevadas a cabo por los líderes del movimiento olímpico en la segunda mitad del presente siglo. Refiere como J. Sigfrid Edstrom que presidió el C.O.I. entre 1942 y 1952, no dudaba en absoluto en declarar su aversión por la mezcla del deporte con la política, sosteniendo que: el uso de los Juegos Olímpicos buscando o permitiendo el beneficio de la clase política, los convertiría en una simple exhibición y se perdería el valor y la  razón de ser de los Juegos.

Igualmente, Avery Brundage que presidió el C.O.I. durante veinte años (1952-1972), y que se autodefinía como un romántico al estilo de Coubertin, fue el que detestó, probablemente más que ningún otro, la entrada de los políticos y de la política en el deporte. Su credo lo constituían: la defensa de la salud, el juego limpio y el amateurismo. En 1968, un año especialmente turbulento para la presidencia del C.O.I. llegó a decir: He pasado mi vida toreando a los políticos, y no voy a dejar de hacerlo ahora…

Las diferencias se hicieron mucho más patentes con Lord Killanin que presidió el C.O.I. de 1972 a 1980. Se apartó de la línea seguida por sus predecesores de mantener la política lo más alejada posible del movimiento olímpico, sin renunciar a las ideas originales del olimpismo y aun cuando mantuvo las ideas de Brundage sobre el amateurismo,[9] la Carta Olímpica, de la que él fue el principal artífice, es extraordinariamente generosa con la entrada de las ayudas económicas a los atletas. En cuanto a la relación con la clase política, Killanin, se aproximó enormemente a los políticos y a la política real estableciendo la justificación de necesidad para la supervivencia de los Juegos. Reconoce, en sus memorias, no haberse acercado lo suficiente, y  haberse quedado a medio camino para la época y las circunstancias en que vivía. Así lo expresa en su autobiografía titulada Mi Año Olímpico -1981- cuando dice:

……..Creo que el problema  olímpico planteado por la invasión de Afganistán habría tenido otro resultado, si en lugar de la vía política empleada por el Presidente Carter, hubiéramos  empleado el diálogo y la vía diplomática, de haber sido así, probablemente habríamos sido capaces de entendernos con los soviéticos.[10]

La llegada de Juan Antonio Samaranch a la presidencia del C.O.I. en 1980, consagra el desembarco de la política en el deporte y del deporte en la política. La utilización de la Embajada de España en Moscú para apoyar su candidatura personal a la presidencia del C.O.I., hecho que fue criticado duramente en su momento, sus continuos viajes a todos los países del mundo, donde en muchos de ellos era recibido con honores de jefe de estado, etc.,  consiguieron hacer converger política y deportes en el sentido de implicar directa y abiertamente a los jefes de estado y de gobierno en los eventos deportivos. Samaranch, convirtió al Comité Olímpico Internacional en el instrumento de un determinado modo de hacer política, con un protagonismo similar al que pudieran tener la Cruz Roja o las Naciones Unidas, con la diferencia, de que los fines del C.O.I. han dejado de ser altruistas,[11] sobre este particular, el propio Samaranch ha manifestado:

El mundo está gobernado por los políticos, los dos sistemas, capitalismo y socialismo poseen diferentes ideas sobre el deporte y creo que el C.O.I., puede ser un puente entre los dos.

Los diferentes caracteres y las trayectorias de todas estas personalidades, han influido de modo decisivo, a la hora de  establecer y considerar la situación de las actividades físicas y del deporte respecto a la política y a los políticos, sin embargo, las mayores influencias proceden de los niveles de desarrollo económico y de los avances tecnológicos en relación con los medios de comunicación y del marketing. Se ha conseguido cambiar el papel de la masa participante en los eventos deportivos. La combinación de todos estos elementos ha cambiado el papel de los espectadores, de personajes anónimos han pasado a ser potenciales consumidores de productos, o a destinatarios de mensajes políticos más o menos  explícitos.

Es decir, mientras que en un primer momento la intencionalidad romántica de los fundadores y organizadores de las actividades era socialmente educativa y repercutible, en cuanto al coste económico y organizativo sobre los responsables de esa educación, como una carga u obligación. La extensión del fenómeno, su capacidad de convocatoria, y la generación de una idea de cultura del bienestar, identificable con la posibilidad de acceso a las actividades físicas y a los deportes, ha conseguido establecer un cambio de posición de los poderes públicos y de las fuerzas sociales. En el momento actual, se trata de producir o generar políticas que satisfagan la demanda creciente de recreación, por lo general, paralela al nivel de desarrollo económico y al aumento del tiempo libre. En el fondo, el acierto o el fracaso radica, en ser capaces de capitalizar la satisfacción social para conseguir el apoyo de los ciudadanos a determinadas políticas o regímenes, en el caso de la clase política, y en otros, en conquistar o en asegurarse la clientela y el mercado de cualquier tipo de productos.[12]

Podemos decir que se mantiene la idea educativa y la necesidad de educación de los ciudadanos en los valores de la educación física y en el deporte, en tanto que, esos mismos valores son los que se consideran por la sociedad como paradigmas de la cultura del bienestar. El educando de hoy será el practicante deportivo de mañana, el votante en cualquier caso, y siempre consumidor de productos, no solo de los deportivos, en progresión creciente, sino de todos aquellos que es posible dar a conocer desde el deporte, o aprovechando su capacidad de convocatoria.

Respecto a los regímenes totalitarios, el parentesco militar de la educación física y el conocimiento de sus posibilidades, favoreció desde su inicio una conciencia clara de la importancia del deporte como elemento de proyección política. Uno de los primero éxitos políticos internacionales que estos regímenes anotan en su haber, es el reconocimiento del régimen por el Comité Olímpico Internacional que convierte al C.O.I. en una de las primeras instituciones, en otorgar a estos regímenes el reconocimiento oficial y la legalidad internacional, al menos en materia deportiva.

Educación física, deporte y poder.

Las posibilidades del deporte como convocador de masas, como aglutinador de intereses y como factor de desarrollo económico, no han pasado desapercibidas para otro tipo de personajes que han hecho del deporte su forma de participación en la vida pública, y la palanca con que mover enormes sumas de dinero en su propio beneficio y en el de los intereses que representan, muy lejanos de los fines altruistas, desinteresados, o supuestamente culturales y educativos que dicen perseguir.

Conocidos como barones del deporte, representan comunidades de intereses que controlan el deporte espectáculo y la organización de eventos deportivos de carácter nacional, internacional o mundial. Hechos, que dan lugar a la organización de empresas, al establecimiento y cultivo de relaciones, influencias, consumos, etc., y cuya finalidad última es el lucro. La creciente dimensión de los acontecimientos deportivos, su trascendencia popular, y por tanto su  proyección pública, ha otorgado a los organizadores de los grandes eventos enormes cuotas de poder por su capacidad real y efectiva, para decidir la concesión de la ubicación de los mismos y otorgar, a unos o a otros la posibilidad de ejercer la proyección política deseada a través de ellos. Estas concesiones, se hacen a cambio de grandes sumas de dinero, procedentes en gran parte de los gobiernos y de la administración de las ciudades beneficiarias de la proyección política. Los políticos, a su vez, reciben el apoyo de las grandes industrias y del capital, tanto local como internacional, que es en última instancia, el beneficiario de la espiral económica generada por los grandes eventos deportivos.

La primera acción que hemos de llevar a cabo a la hora de valorar el deporte como elemento de poder, es la de desposeerlo de su finalidad educativa original y otorgarle la consideración de actividad mercantil, situación que alcanza superados determinados niveles o grados de cualificación, es decir, cuando el deporte se convierte o es susceptible de ser convertido en gran espectáculo de masas[13]. Es en este momento en el que aparecen en la escena los auténticos dueños del deporte, los que deciden donde han de celebrarse los Juegos Olímpicos, los Campeonatos del Mundo, o los Campeonatos Continentales, y sobre todo, quién ha de llevar a cabo el control y la administración de los grandes circuitos deportivos.

La motivación de estos barones del deporte no es únicamente económica: el prestigio, la influencia personal, y sobre todo el ejercicio del poder, son sus alicientes principales. Un perfil de estos personajes los retrata: como de entre sesenta y setenta años, normalmente ricos y a menudo latinos. Residentes la mayor parte del tiempo en Suiza, viajando en aviones privados, y  normalmente bien relacionados con las grandes marcas del deporte: Coca Cola, Adidas, Visa, Chocolates Mars., etc…

En permanente contacto con los gobiernos, les ofrecen la posibilidad de organizar grandes eventos deportivos que favorezcan o mejoren su imagen y su proyección pública: entrenadores de alto nivel para los equipos nacionales, la ubicación en su territorio de las industrias del deporte, la concesión de parte de los derechos de televisión de los eventos, o varias de estas cosas a la vez.[14]  La influencia y el control que ejercen sobre el deporte a todos los niveles, es completa, además de decidir donde han de celebrarse los grandes acontecimientos deportivos determinan: cómo han de realizarse, quienes han de participar, como se va a distribuir el dinero, y en el futuro, probablemente, quien ha de ganar o perder.

La dinámica interna de este grupo de poder en el deporte internacional es prácticamente desconocida para el gran público, aunque a veces trasciendan levemente los  problemas de enfrentamientos entre los personajes. En estos casos, las noticias no pasan nunca de la categoría de rumor y son inmediata y sucesivamente desmentidas a nivel mundial, en los medios de información deportiva que se encuentran bajo el control del grupo.

Su existencia es relativamente moderna, son los herederos de los viejos y aristocráticos hombres del deporte anglosajones, que habían venido disfrutando de estas situaciones de privilegio como un derecho de nacimiento. Los actuales, por el contrario, lo son como resultado de acciones e intervenciones personales en la propia política deportiva, como consecuencia del cultivo de las relaciones personales, o por la posesión de intereses económicos comunes dentro del sector deportes.

La génesis y el desarrollo de este gran grupo tiene lugar a lo largo de nuestro periodo de estudio, se establece a partir de las actividades de Mark Mc Cormack, un norteamericano que en los cincuenta consiguió, a través de la televisión, interesar al gran público en el deporte, a la publicidad en este público y hacer de todo esto un gran negocio. Desde su despacho de abogado consiguió llegar a ser el manager de las grandes estrellas del deporte, las cuales, mediante su relación con él, comenzaron a moverse en la órbita de la televisión y de la publicidad, que igualmente controlaba, aumentando de esta manera su popularidad, sus ingresos, y la capacidad de convocatoria del mundo del deporte. Por parecidas circunstancias, se puede identificar a los otros miembros del grupo: Bernie Ecclestone en las carreras de coches, Pete Rozelle en Fútbol americano, Don King en el Boxeo, Kerry Packer en el Cricket, ó Horst Dassler en el Atletismo. En definitiva, una comunidad de intereses en torno al deporte aglutinados por la televisión y la publicidad.

Desde el primer momento, todos los miembros del grupo comenzaron a aportar dinero, influencias o servicios desde los medios que podían controlar. Especialmente significativo es el apoyo publicitario de las compañías tabaqueras, contratando a los deportistas destacados como empleados o representantes, o los beneficios aportados al grupo por el  desmesurado crecimiento de Adidas,[15] que desencadenó una escalada sin precedentes en la industria del deporte. A partir de este hecho, las demás marcas comenzaron a invertir grandes sumas de dinero en publicidad deportiva, con lo que los eventos crecieron en dimensión e influencia social mediante la publicidad en televisión, al tiempo que el grupo que los controlaba aumentaba su poder.

El despegue del deporte como gran industria se completó con la gestiones del promotor británico Patrick Nally y del alemán Horst Dassler, entre ambos, consiguieron que Coca Cola realizara una acción de alcances incalculables, al invertir millones de dólares en el Campeonato del Mundo de Fútbol primero y en los Juegos Olímpicos posteriormente. Este hecho, atrajo la participación de las grandes cadenas de televisión a los eventos deportivos, y consecuentemente, la llegada de una auténtica riada de dinero al mundo del deporte, naturalmente, siempre bajo el control del grupo que actúa de intermediario entre los organizadores de los eventos, los sponsors, y las compañías de televisión.[16]

El resultado de todo este proceso, es una extraña alianza entre los políticos del deporte y los intereses comerciales. Así, como parte de los beneficios se reinvierten en facilidades o fondos para la organización de encuentros o eventos deportivos, el control nacional e internacional de estas actividades aporta a los que lo tienen extraordinarias dosis de poder e importancia que alcanzan de lleno al mundo de la política.

El acceso a estos puestos de poder deportivo es en extremo complicado y sui generis, depende, en cada caso, de lo que cada uno de estos barones del deporte puede aportar a la organización. Generalmente, todos tienen tras de sí una larga serie de vasallos deportivos que siguen fielmente sus indicaciones, entre ellos, se encuentran no solo los deportistas y las federaciones deportivas, en algunos casos, también están los gobiernos, los políticos, los hombres de negocios y los personajes de la vida pública, que aspiran a encontrarse algún dia entre los privilegiados, bien sea como administradores o gestores del poder del tipo Samaranch, Nebiolo, o Havelange, o como empresarios del deporte del tipo Mc Cormack, Ecclestone o Dassler. En cualquier caso, se trata de estar y de tener poder  para rentabilizar siempre el mismo fenómeno: la posibilidad de explotación del deporte como elemento de apoyo al poder, o como una grande y rentable industria de tiempo libre y de entretenimiento.

Pese a los intentos, que no pasan de las declaraciones, de los románticos de la idea de conseguir que el deporte vuelva a ser algo limpio y altruista, de retornar a los tiempos de Coubertín, esto es prácticamente imposible, entre otras cosas, porque existe la sospecha de que tras el nuevo discurso deportivo de vuelta al amateurismo, lo que se esconde es la apetencia de los viejos barones sajones del deporte, hoy destronados por los latinos, de volver a recuperar el terreno y el poder perdidos, y además, porque el mundo del deporte se ha convertido en una enorme máquina de hacer dinero y de administrar poder, en el que los intereses económicos y de rentabilidad mercantil y su control, van por delante de cualquier otra consideración educativa, ética, o humanística.

La planificación económica de los grandes eventos, en base a una mayor rentabilidad económica, ha exigido que, a partir de los Juegos Olímpicos de Barcelona, los Campeonatos del Mundo, y los Campeonatos Continentales de los distintos deportes se sitúan en años no olímpicos, al tiempo que los Juegos Olímpicos de Invierno y de Verano se separan en dos años, de tal manera que se produzca año a año, la secuencia: Juegos Olímpicos de Verano – Campeonatos del Mundo – Campeonatos Continentales – Juegos Olímpicos de Invierno – Campeonatos del Mundo – Campeonatos Continentales – Juegos Olímpicos de Verano; con lo que las cadenas de televisión y las marcas publicitarias pueden repartir mejor sus gastos al ser año a año, y  pueden pagar más dinero por conseguir más ingresos a base de mantener la atención mundial sobre una realidad de grandes eventos deportivos permanentes en los que las grandes marcas están también presentes.

Badajoz – España 2021


[1] COUBERTIN, P.: Memorias olímpicas. Madrid, Publicaciones del Comité Olímpico Español. 1965.

[2] NA. Denis Howell fue Ministro responsable de los deportes en el Reino Unido y Presidente del Comité de Deportes del Consejo de Europa.

[3] NA. En la actualidad el Estado Español viene empleando millones de euros anuales solo en mantener el orden en los campos de fútbol o controlar a los seguidores de los equipos deportivos en sus desplazamientos o visitas a otras ciudades.

[4] HOWELL DENIS, M.P.: (1983) Sport and Politics – An international perspective., Sport and Politics – Wingate Institute for Physical Education and Sport. Jerusalem, The Emmanuel Gill Publishing House. pp. 7 – 19.

[5] NA. Los avances en el control antidopping y la frecuencia de los mismos han llevado a investigar y a establecer recursos de manipulación del cuerpo y de la naturaleza humana más allá del consumo de drogas. Se buscan auto recursos del cuerpo humano no detectables en los controles como son: el embarazo y el posterior aborto previo a la competición, la inyección de aire en el intestino de los nadadores, las autotransfusiones de sangre, el provocar el  retraso del desarrollo físico normal, etc.

[6] N.A. Este Boicot era especialmente duro ya que gran parte de la imagen positiva exterior de los ex Países del Este, se asentaba en la proyección de su calidad o nivel deportivo.

[7] NA. Los problemas más importantes que hubo que solucionar para llevar adelante los Juegos Olímpicos de Barcelona no fueron ni los deportivos, ni los económicos, ni los de organización de un evento de tal magnitud, sino la conocida polémica de las banderas, la de los himnos, y la del orden del protocolo del palco presidencial. Hemos de recordar aquí, y en relación con este evento, el espinoso problema de la publicidad en la prensa extranjera, en los días de la inauguración de los juegos y pagada por la Generalidad de Cataluña, que se movió en el borde de la inconstitucionalidad cuando afirmaban que Cataluña no era España y dejaban entrever situaciones de opresión y sojuzgamiento.

[8] LUCAS, J.: (1983) Some Thoughts on International Politics, The Olympic Games and the Olympic Movement. Sport and Politics – Wingate Institute for Physical Education and Sport, Jerusalem, The Emmanuel Gill Publishing House. pp. 21.

[9] NA. Sobre el amateurismo, conviene aclarar, que pese a que se ha venido atribuyendo a Coubertin la idea del amateurismo como doctrina olímpica, lo cierto es que esta cuestión fue en sus inicios ajena al movimiento olímpico y nació a impulsos de la federaciones internacionales, el propio Coubertin llegaría a manifestarse en vida sobre el particular diciendo: Me parecería tan infantil ligar la religión del deporte al hecho de haber recibido una moneda de diez céntimos, como proclamar de repente que el sacristán de la parroquia no es creyente porque recibe un sueldo a cambio de su trabajo. Cita tomada de  MEYER, G. :(1963) El fenómeno olímpico. Comité Olímpico Español. Madrid. pp. 27

[10] LUCAS, J.: Ob. cit. pp.23

[11] SIMSOM y JENNING,: (1991) The Lords of the  rings- Power, Money & Drugs in the Modern Oliympics, London. Simon & Schuster Ltd.

 BOIX y ESPADA,: (1991) El deporte del poder Vida y milagro de Juan Antonio Samaranch,  Madrid, Ediciones Temas de Hoy.

[12] NA Desde hace bastante tiempo los principales ingresos económicos de los clubs deportivos se producen en relación con los derechos sobre la publicidad estática de sus instalaciones, el merchandising, los derechos de imagen, o por la retrasmisión televisiva de sus actividades.

[13] NA La popularización de la Mountainbike,  le permitió, en corto espacio de tiempo, ser deporte olímpico de presentación en los Juegos Olímpicos de Atlanta.

[14] ASKWITH, R.: The power and the glory, Observer Magazine, Londres, Junio, 1992. Págs. 12 – 25.

[15] NA. Adidas creció espectacularmente a base de una campaña publicitaria consistente en conseguir que todos los deportistas y equipos de alta competición vistiesen sus prendas, de tal manera, que se asociase  la marca de las tres bandas a los grandes eventos y al alto nivel deportivo.

[16] Los derechos de televisión de los Juegos Olímpicos de Barcelona supusieron para el C.O.I. 633 millones de dólares, (493 millones de euros), por los tres Campeonatos del Mundo de Fútbol entre 1.990 y 1.998, se han pagado 230 millones de dólares.(174 millones de euros), 875 millones de dólares (781 millones de euros), se han pagado por cuatro años de retrasmisiones de la liga profesional de Baloncesto Americano (NBA), 304 millones de libras esterlinas (365 millones de euros), por los derechos de retrasmisión de cuatro temporadas de la Liga Británica de Fútbol de la Primera División, etc.  en ASKWITH, R.: Ob. cit. pp.14.

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