CUERPO ARTE Y MOVIMIENTO EN LOS CARTELES REPUBLICANOS DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

Manuel Vizuete Carrizosa

MANUEL VIZUETE CARRIZOSA

Maestro de Enseñanza Primaria – Licenciado en Educación Física – Licenciado en Geografía e Historia – Doctor en Historia Contemporánea. Catedrático de Universidad. Lineas de Investigación: Didáctica de la Educación Física. Producción Materieles Didácticos para la Educación Física Escolar. Historia y Filosofía del Deporte y de la Educación Física. Formación del Profesorado de Educación Física. Fundador de La European Union Physical Education Associations (EUPEA) Comité de Expertos del Consejo de Europa (EF, Deporte Escolar y Deporte para Jóvenes) Coordinador del Foro Hispanomexicano.

CUERPO ARTE Y MOVIMIENTO EN LOS CARTELES REPUBLICANOS DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

Introducción.

El cartel como medio de comunicación rápida e impactante, con la capacidad de trasmitir una idea y una filosofía de vida casi sin palabras, como motivador y desencadenante de la acción humana, casi siempre con el deseo de que sea vigorosa e inmediata, aunque es un producto contemporáneo, no es un hecho ciertamente novedoso. Casi de la mano de la Revolución Francesa e inaugurando la contemporaneidad, base la técnica del cartel. Tras la invención de la litografía en 1798 por Aloys Senefelder, lentamente, en la mente de los artistas fue germinando la idea de combinar imágenes y palabras, tratando de conseguir un efecto impactante en el espectador, lo atractivo del producto, junto a lo económico y la enorme capacidad de proyección que conseguía, le hicieron ser un producto atractivo, no solo para los artistas, sino también para la clase empresarial y comercial, como medio de difusión de los productos y de los supuestos beneficios y bondades que podían ofrecer.

Parece cierto que, alrededor de 1870, en las grandes ciudades europeas, el cartel se había convertido en el gran medio de comunicación orientado a las masas, la proliferación de carteles en todas las vías principales de las grandes ciudades, hizo que el fenómeno se comenzara a conocer como la galería del arte de la calle asociado desde sus inicios al fenómeno publicitario.

El avance en las posibilidades del cartel como expresión artística que había comenzado cuando Cheret desarrolló el proceso litográfico de tres colores, se vio impulsado a partir de 1890 con la Belle Epoque francesa y definitivamente coronado, como obra de arte en 1891 cuando Tolouse Lautrec publicó su primer cartel Moulin Rouge, que hizo de estas obras auténticas piezas de arte que llegaban a la calle y eran de dominio público, en finales del XIX, Sagot, el primer distribuidor de carteles numeró en su catálogo de ventas 2200 carteles

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La llegada de los grandes maestros al arte del cartel hace que las diferentes concepciones artísticas, y la propia evolución del arte, queden registradas en la producción. Del mismo modo los debates y dialécticas artísticas del parís del final de siglo alcanzan también al cartel. Es el hecho que se produce cuando el checo residente en Paris, Alphonse Mucha, crea en 1894, la primera obra maestra del Art Nouveau al realizar carteles para la actriz Sarah Bernard, que acabaría convirtiéndose en mecenas de este arte.

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Las influencias bizantinas y Pre-Rafaelistas de Mucha, acabaron dominando la escena del cartel durante la década final del XIX y principios del XX, convirtiéndose en algo más que en una obra de autor y llegando a ser un movimiento decorativo internacional del arte.

La disputa, finalmente, acaba implicando a Capiello que fuertemente influenciado por Cheret y Toulouse Lautrec planteó la vuelta a la imagen simple de corte chistoso o cómico destinada al hombre de la calle y consagrando a Capiello, autor entre otros de los carteles de Cinzano, como el padre de los modernos publicistas.

El cartel de fondo político y social primero, y bélico más tarde, nace con la preguerra y la Primera Guerra Mundial, así como en el ínterin entre esta y la Segunda, en la que la propaganda y la difusión de noticias y de necesidades, relacionadas con el esfuerzo bélico y las necesidades de los combatientes, acaba copando el ámbito del cartel y sumando, por otra parte, a los artistas, a otra forma de hacer la guerra.

La aparición del cartel en escenario político español se produce de la mano del movimiento obrero que desde el final de la Primera Guerra Mundial comienza a batir fuertemente y como un tambor, en el seno de la sociedad española, reivindicando mejores condiciones de vida en general y la dignificación de los trabajadores. Los anarquistas de la CNT, y la difusión del movimiento libertario, nos han dejado este espléndido cartel de la anteguerra que merece toda nuestra admiración y, sin duda un análisis más detenido que el que podemos hacer ahora.

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La Guerra Civil, por tanto, va a encontrarse con una tradición cartelística que, especialmente en el bando republicano, tendrá magníficos cultivadores.

A esa altura de 1936, los cartelistas españoles están fuertemente influidos por una tradición que arranca a finales del XIX y principios del XX y que cuenta con diferentes escuelas y autores como Casas, Rusiñol, Rafols, etc. con una escuela catalana y otra valenciana con Monleón y Raya y la madrileña de Ribas y Penagos, todos ellos, finalmente influenciados por los artistas franceses, especialmente Cassandre y Colin.

La Guerra Civil en sus carteles.

Sin perjuicio de que, en su momento, nos aproximemos a los carteles del bando nacional, nuestro esfuerzo y atención principal la dedicaremos a los carteles republicanos. Como, a veces, se ha tratado de representar distorsionando la verdad histórica, la II República Española ni fue inefable ni fue inocente, a lo largo de este trabajo podremos apreciar como el funcionar con intenciones ocultas y no declaradas fue una constante en su devenir y, en especial, durante los años que duró el enfrentamiento.

Es posible, mediante un análisis de la obra cartelística, seguir el curso de la guerra, del esfuerzo bélico, de la actitud de los combatientes, del gobierno, de las gentes de la calle, de las angustias de todos y de la caída de la tensión y el esfuerzo cuando todo está perdido.

Siguiendo un planteamiento científico de los carteles, podemos organizarlos para su estudio, desde un punto de vista del papel del cuerpo en los mismos de la forma siguiente:

  • Por su temática. Apreciamos una clara evolución de los planteamientos del cartel en función del curso de la guerra, así podemos considerar:
  • Carteles de euforia y entusiasmo de la preguerra. Es conocido que la Guerra Civil se veía como algo inevitable desde hacía bastante tiempo. La inestabilidad de la propia república y la radicalización de ideas, partidos y sindicatos, así como el atrincheramiento de cada posición en posturas irreductibles.
  • Carteles de entusiasmo y motivación al combate de inicios de la contienda orientados al reclutamiento. La llegada de la Guerra no fue percibida, en principio, como una tragedia colectiva sino como un proceso revolucionario y en cierta forma liberador como se trasluce en los carteles de los primeros momentos en los que la idea de una victoria rápida sobre el otro bando, era algo generalmente asumido.

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  • Carteles de regionalización ó visión regionalista del esfuerzo. Probablemente uno de los mayores desastres del bando republicano fue la parcelación del esfuerzo de guerra y la falta de unidad, que se reclama desde algunos carteles, especialmente al final de la contienda. Literalmente, lo de hacer la guerra por su cuenta, tan español, fue trágicamente cierto y lo que motivó el desastre final de la República.
  • Carteles orientados a las necesidades de la guerra. El alargamiento de la lucha fue agotando, no solo las energías, sino también los recursos, por ello los cartelistas, siguiendo las instrucciones correspondientes comienzan a elaborar carteles recomendando economía, producción agrícola, denuncia al acaparador y la especulación, así como otros que solicitan donaciones de recursos inmediatos para las tropas: mantas, comidas, etc.

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  • El enemigo. Curiosamente hay escasas personificaciones del enemigo en forma física, los enemigos son las ideologías y, en contados casos, las fuerzas extrajeras que se califican como invasoras. Sin duda, el mando republicano era consciente de dos cosas, la primera que los de enfrente eran hermanos, en muchos casos dramáticamente literal, y que, fuera cual fuese el resultado final, habría que entenderse con ellos, para bien o para mal.

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  • Los partidos y sindicatos en relación con la contienda en distintos momentos y escenarios. En ese, hacer la guerra por su cuenta, que ya hemos señalado, tiene una transcripción gráfica, la cartelística republicana, singularmente y con una enorme ventaja, los carteles de la CNT son los más destacados, la propia ideología anarquista es consecuente con la acción cartelística, ya que en este caso, lo de ir a su aire era intrínseco a su ideología de no reconocimiento de principios de orden, autoridad y sometimiento. Del mismo modo la UGT y los partidos producían su propia obra de propaganda e incluso, algunos regimientos como el V de Modesto, e incluso ciudades o agrupaciones de todo tipo.
  • Por la influencia de otras ideas y filosofías. En especial partidos y agrupaciones no muy bien considerados por el poder republicano o abiertamente detestados como fue el caso del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista) trotskistas, condenados por la Unión Soviética a los que, al parecer, el KGB exterminó sistemáticamente en suelo español, con anuencia o ignorancia interesada, el gobierno de la República.[1]

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  • Por el número de elementos presentes en el cartel. Aun cuando existen carteles de todo tipo, predominan los carteles de uno o dos miembros, siendo más excepcionales los de más de dos.

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  • Por la presencia de la inminente derrota y los ajustes de cuenta. Mediado el tiempo de la guerra y, especialmente a finales del 1937, se comenzó a presentir que las cosas no solo no iban bien sino que podían acabar peor, a partir de este momento aparecen carteles que condenan el derrotismo, insisten con más fuerza en el quintacolumnismo y en no facilitar información accidentalmente a los espías del enemigo. Los carteles, en este comento, comienzan a dar vida a dos lemas esenciales, evitar el despilfarro de recursos, la protección del soldado ante las enfermedades, especialmente venéreas y se da la palabra a los heridos y moribundos que piden explicaciones, a la cada día más abultada nómina de enchufados, que aprovechándose del esfuerzo de guerra se enriquecían o como mínimo se escaqueaban de ir a defender los frentes de batalla.

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  • Presencia del deporte. El deporte, especialmente el fútbol, ya había alcanzado un nivel de implantación social y de desarrollo notable. Por otra parte, el deporte como fenómenos social, desde sus inicios, ya había sido objeto de controversia y de reivindicación obrera, al haber sido entendido como un privilegio de las clases acomodadas; no en vano ni por casualidad, ya en el primer discurso de Primo de Rivera al instaurar la dictadura, hace expresamente referencia expresa al deporte y a la creación de sociedades gimnásticas en el Manifiesto del Directorio a los obreros españoles[2]. El deporte y las actividades físicas en el transcurso de la guerra civil juegan dos papeles distintos, de una parte como instrumento de disciplina y entrenamiento físico del soldado republicano, poco dado a ambas cosas, y por otra como medio de flexibilizar la tensión en determinados frentes de batalla, al consentirse partidos de fútbol entre combatientes de ambos bandos con motivo de alguna tregua.
  • Presencia de la salud y la enfermedad. Más que las enfermedades propiamente dichas, los carteles reflejan la preocupación por los abusos de alcohol y enfermedades venéreas que afectaron seriamente a los soldados republicanos y a los que desde los carteles se trata de poner remedio mediante la concienciación del problema.

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  • Educación y formación. Avanzado el curso de la guerra, el gobierno es consciente de la falta de formación de los mandos y los problemas que acarrea la alta tasa de analfabetismo existente, tanto en las tropas como entre la población, por ello, y cumpliendo con uno de los esquemas más queridos de la izquierda universal, se acomete una difusión de planes de alfabetización, desarrollo de la cultura y de formación de mandos intermedios para las tropas cuyo déficit, sería lo que definitivamente dio la victoria al otro bando.
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  • Protección de la infancia. Ambos bandos se ocuparon, aunque de forma distinta, de la infancia desfavorecida por causa de la guerra. En este caso se recurre al Socorro Rojo Internacional, pero si hemos de poner en valor alguna iniciativa, también recogida en los carteles, nos quedaríamos con las escuelas y colonias de vacaciones, la mayoría gestionadas por anarquistas catalanes, que unían lo educativo a lo asistencial de una forma ciertamente brillante.

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  • Problemas relacionados con el tráfico de vehículos. Los desplazamientos de tropas y suministros por carreteras sometidas al fuego enemigo, vías en estado calamitoso, cuando no caminos de herradura habilitados y con conductores improvisados, poco expertos aunque voluntariosos y vehículos de la época, debieron ocasionar más de un accidente. La cartelística se ocupa también de este hecho demandando precaución y, dando normas de tráfico.

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  • Espionaje y quintacolumnismo. No han sido bien valorado, desde una perspectiva de historia democrática los movimientos de represión y de purgas realizados en la retaguardia republicana. Ciertamente, desde el principio de la guerra, la preocupación por los hechos de espionaje y de sabotaje llegaron a ser obsesivos. Los carteles, especialmente cuando se vislumbraba un final de desastre, insistían en este hecho cada vez con más fuerza.

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  • Valoración de la URSS como aliado y como referente de modelo social y político. Probablemente habría que hablar más de que valoración de sobrevaloración de la Rusia Soviética por la España Republicana, la redenominación de alguna famosa vía de Madrid como Avenida de la Unión Soviética ó el culto a algunos de los líderes soviéticos como Lenin o Stalin, incluido el mimetismo cuando se denomina a Largo Caballero el Lenin español, así como una amplia cartelera de películas soviéticas, que se proyectan en los cines de retaguardia, refleja bien a las claras como al aliado se le pagó más que con oro y cuál fue su influencia en el curso de la guerra.

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  • Por el tratamiento del cuerpo humano. El protagonista de los carteles es la figura humana, el cuerpo del combatiente o de los sufridores de la contienda aparece siempre en el cartel, tratado de forma realmente soberbia, podemos aproximar una clasificación de su presencia y de su simbología de acuerdo con lo siguiente:
    • El cuerpo como muro defensivo.
    • El cuerpo protegido por las siglas de partidos y sindicatos.
    • El cuerpo como mástil de banderas o abanderado.
    • El cuerpo como reclamo estético.
    • El cuerpo y el entrenamiento físico del combatiente.
  • Por la técnica y la estética del cartel. Un estudio técnica, de forma exhaustiva, nos llevaría mucho más tiempo y páginas de los que disponemos; es preciso decir, sin embargo, que los cartelistas republicanos pueden contarse entre los mejores del mundo en su época y que dominaron todas las técnicas. Lo más destacable es apreciar, a través de su trabajo, como son capaces de conjugar la técnica del cartel con los medios de que se disponen y como, a medida que los medios escasean, esto se refleja en el obscurecimiento del cartel y la aparición de tintas planas, sin que dejen de ser magníficos y sin que los artistas dejen de sacarle partido a los inconvenientes que planteaba la escasez. En cuanto a la estética podemos aproximar la siguiente clasificación.
    • Carteles de acción cercanos al comic.
    • Carteles portadores de slogans o consignas de guerra como ideas a circular.
    • Carteles de cuatricromía y riqueza del color del inicio de la guerra.
    • Carteles de la contienda evolucionando a escasez de medios y al empleo de tintas planas.
    • Trabajos abocetados.
    • Carteles impresionistas más cercanos al cuadro que al cartel.

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  • Por los autores. Se hace la crítica de que los cartelistas estuvieron siempre lejos de los teatros de operaciones y de los frentes de guerra y es literalmente cierto, sin duda, muchos de ellos debieron formar parte del criticado grupo de los enchufados. Desde luego su ignorancia sobre el manejo de los fusiles y las formas de utilizarlos en combate es manifiesta, por lo general, hacer un excesivo recurso a la bayoneta calada y lo más relevante, lo empuñan en los carteles como si fuera una herramienta de labranza, de tal manera que más que disparar, aparecen siempre rematando enemigos en el suelo, aunque no viniera a cuento. El grupo de los artistas podemos clasificarlos dentro de lo siguiente:
    • Artistas políticos o politizados-
    • Artistas asalariados por los partidos y sindicatos.
    • Obras personales. Masculinas y/o femeninas.
    • Obras en colaboración.

Conclusiones:

El cartel republicano en la Guerra Civil cumplió sobradamente con su misión al ser un medio de difusión y comunicación de ideas que llegó al gran público sin necesidad de una gran inversión de recursos, contribuyendo, también con esto, al esfuerzo de la guerra, al ahorrar en la producción de medios de comunicación más costosos y menos efectivos.

Los cartelistas republicanos demostraron ser excelentes artistas que no solo conocían la técnica del cartel, sino que, además, manejaban de forma magistral, la relación con la imprenta y las técnicas de impresión para poder aprovechar al máximo las posibilidades existentes de acuerdo con los recursos de que se disponía.

Es, por otra parte innegable, la deuda estilística con toda la trayectoria anterior de la cartelística europea y española, así como la capacidad de adaptación de artistas que sin haber trabajado el cartel con anterioridad, por las razones que fueren, se incorporan a este ámbito, produciendo obras realmente notables.

La dispersión a la que hemos aludido queda reflejada en la profusión de fuentes diferentes en las que todos querían aportar su grano de arena, así encontramos algunos grupos destacados como los comunistas,, muy preocupados por una guerra larga, pero favorecidos por los gobiernos republicanos gracias a su relación de privilegio con la Unión Soviética al ser los canalizadores de la ayuda de este aliado.

La iconografía de los diferentes grupos y en especial los anarquistas, van a plasmar sus inquietudes revolucionarias y sus deseos de proselitismo, el maniqueísmo es más visible en los carteles de la UGT, en tanto que los carteles del POUM, fieles a su posición troskista y obrerista plantean mensajes radicales que cesarán con las purgas realizadas por los enviados de Stalin para represaliarlos y que, como hemos señalado, culmina con su desaparición tras el asesinato de su líder Andreu Nin, por los agentes soviéticos.

De la iconografía destacar: la cultura y la alfabetización, el deporte como entrenamiento y como propaganda, la salud, la protección de la infancia, la donación de sangre y recursos hospitalarios; los temas de retaguardia desde los emboscados a los espías, la preocupación por mantener al campesinado fijado a la tierra y la calificación de estos como combatiente…un arado vale tanto como un fusil… la divulgación de consignas de guerra …La revolución aparte de darte tierras, te dará máquinas para trabajarla… que hay que conectar con toda la teoría y estructura soviética de los koljoz que ya había comenzado en Rusia, o la más conocida del …¡No pasarán!… traducida al… ¡Pasaremos!… Cuando las circunstancias de guerra y de moral de las tropas lo requerían. La mujer ocupará la parte central de los carteles, desde unas representaciones poco progresistas teniendo en cuenta los gobernantes republicanos y su ideología; excepción hecha de alguna aparición como guerrillera, la tendencia es a representarla como madre, esposa, enfermera o trabajadora de soporte en retaguardia. Naturalmente hay que reconocer la aparición en los carteles de los míticos personajes femeninos de la izquierda como Dolores Ibarruri ó Federica Montseny.

REFERENCIAS BIBLOGRÁFICAS:

Web:

http://www.sbhac.net/Republica/Carteles/Index.htm

http://www.sbhac.net/Republica/Carteles/Main.htm

http://www.sbhac.net/Republica/Carteles/ArteYPro.htm

http://www.internationalposter.com/intro.cfm

http://www.ugt.es/ugtpordentro/guerracivil/carteles.htm

http://www.nodo50.org/fimpv/carteles.htm

http://carteles.metropoliglobal.com/4indices.php

http://www.elpais.com/articulo/cataluna/Investigan/restos/Andreu/Nin/estan/fosa/Alcala/elpepiespcat/20080307elpcat_17/Tes

Prensa:

PRIMO DE RIVERA, M.: Manifiesto Del Directorio A Los Obreros Españoles, ABC, Madrid, 29 de Septiembre de 1923

[1] N.A. Recientemente la Memoria Histórica, ha abierto unas fosas comunes que se encuentran en el campo de maniobras de la Brigada Paracaidista de Alcalá, que al parecer contienen los restos de los miembros del POUM, masacrados por los soviéticos, y sobre los que sin levantar demasiado polvo se ha vuelto a echar tierra. En estos momentos se encuentra en estudio y pendiente de nuevas excavaciones cuando lo determine el poder judicial.

[2]… Asociaciones obreras, sí, para fines de cultura de protección y mutualismo, y aun de sana política, pero no de resistencia y de pugna con la producción. Una legislación que defienda al obrero de abusos y codicias, que garantice su vida y su vejez, que favorezca su cultura1 y aun su razonable descanso y esparcimiento, ha de fundarse sobre la producción honrada de estos trabajadores. … PRIMO DE RIVERA, M.: Manifiesto Del Directorio A Los Obreros Españoles, ABC, Madrid, 29 de Septiembre de 1923

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