DEPORTE. ¿COLONIALISMO Ó LIBERTAD? THAT’S THE QUESTION!

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Manuel Vizuete Carrizosa

Maestro de Enseñanza Primaria  –  Licenciado en Educación Física – Licenciado en Geografía e Historia – Doctor en Historia Contemporánea. . Catedrático de Universidad. Lineas de Investigación: Didáctica de la Educación Física. Producción de nuevos Materieles Didácticos para la Educación Física Escolar. Historia y Filosofía del Deporte y de la Educación Física. Formación inicial y permanente del Profesorado de Educación Física.

Deporte: ¿Colonialismo o libertad? That’s the question!

Sin duda que el deporte es, con mucho, el fenómeno de mayor proyección del mundo contemporáneo; el deporte, paraliza las ciudades, detiene los ritmos de producción, obliga a planteamientos políticos, altera la vida y el orden público, genera sus propias dinámicas y espirales económicas y, en su máxima dimensión, recibe el mismo tratamiento que una forma de estado.

La dimensión alcanzada por el deporte, desde su aparición en los finales del siglo XVIII a nuestros días, es ciertamente universal e inabarcable; por ello, no puede resumirse ni simplificarse como si refiriéndonos al fenómeno, hablásemos de un hecho unidimensional y no de una hidra de infinitas cabezas con una capacidad de multiplicación, también infinita. Este hecho nos plantea, desde el principio, dos cuestiones claves: como es posible que el deporte en menos de dos siglos haya alcanzado una dimensión mayor y un mayor número de adeptos, incluido fanáticos, que las religiones y, en segundo lugar, si es  o no posible que refiriéndonos al deporte podamos entenderlo como un factor de globalización en sentido estricto.

1. El deporte como educación y como cultura:

He delimitado, en otro momento,[1] las diferencias conceptuales entre los términos Cultura Física, Deporte, Educación Física y Actividad Física, como partes diferenciadas e identificables de un todo más amplio que denominamos Cultura del Movimiento, entendida esta como punto de encuentro y eje de la participación ciudadana en una formas nuevas de ser y relacionarse que responden a la cultura contemporánea.

No es menos cierto que el deporte, como fenómeno social y político, se extendió bajo las botas de los ejércitos británicos en su etapa colonial, jugando el mismo papel que en el los siglos XV y XVI, había jugado la religión en el proceso de construcción de las grandes nacionalidades. La lengua, la cultura del té, y la práctica de los deportes británicos, definen y distinguen, claramente, a los países que fueron objetos de esta colonización.

Es cierto que desde una visión actual del deporte y de las actividades físicas no podemos pasar por alto las dimensiones económicas, sociales y políticas del fenómeno deportivo,[2] sin embargo y por otra parte, el mundo del deporte y de las actividades físicas se encuentra atrapado por una serie de contradicciones entre lo que la masa percibe como cultura y lo que en realidad no es otra cosa que, de acuerdo con Eco[3], maniobras de grupos económicos, que cuentan con especialistas de todo tipo para servir a sus intereses de lucro sin que la cultura o la educación como tal, tenga acceso a participar en los recursos que permitirían acceder a la masa al fenómeno desde una perspectiva axiológica. Los factores que, determinan estas contradicciones serían:

a) El mito del deporte como un festival de demostraciones de decencia, juego limpio y aperturismo democrático.

b) La verdad, representada por las multinacionales del deporte que, además, miran hacia otro lado en los casos de corrupción o dopaje.

c) El club, compuesto por una oligarquía que hombres de negocios que se auto perpetúan en los cargos y que reciben los beneficios económicos de estas acciones. (Fig. 1)

 Imagen1

Una vez que hemos accedido al empleo de la palabra deporte y establecida su presencia cultural como un hecho independiente de la educación física, es preciso que no olvidemos tres cuestiones importantes:

a) Que el deporte posee efectivamente una dimensión extracurricular entroncada con la cultura de masas y que posee, en este sentido, una dinámica y una personalidad propios.

b) Que el deporte es un medio de educación y que, tal como fue concebido en su origen, debe formar parte de los currículos de educación física, como un contenido independiente, pero teniendo siempre claro que es una estructura culturalmente cerrada y superpuesta a la cultura en la que nos desenvolvemos y cuyo objetivo y funcionalidad sería la promoción y la educación de los futuros ciudadanos para participar en la cultura del movimiento.

c) Que en este momento, el deporte, comienza a enfrentarse a una grave crisis de identidad y de valores que, en un futuro inmediato, van a poner en riesgo su existencia como una estructura social válida.[4]

Es esencial en este punto, una vez abordado el problema del deporte como medio de educación, que establezcamos sus diferencias más significativas, a nivel de identidad cultural con la educación física. Es cierto que tanto el deporte, en su origen, como la educación física, por definición, plantean la educación en valores a partir del movimiento humano como método; sin embargo, no hemos de olvidar, precisamente aquí, los diferentes substratos culturales de origen de ambas teorías educativas que condicionan severamente tanto sus objetivos como sus metodologías, así como sus diferentes trayectorias históricas a lo largo del siglo XIX y, muy especialmente en la segunda mitad del siglo XX. En este sentido es preciso destacar que, mientras que el deporte nace y se desarrolla fundamentalmente en la Inglaterra Victoriana y es hijo del pragmatismo educativo inglés que comporta toda una filosofía de vida; la educación física es hija de los movimientos democráticos de educación nacidos a partir de las filosofías educativas russonianas.  (Fig. 2)

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Es igualmente preciso destacar que, mientras que la insularidad británica y su tendencia a la autosuficiencia cultural y a la autarquía educativa, en el periodo señalado; el que, como hemos señalado, coincide la fase más sobresaliente del imperio británico le otorgan al deporte, como medio de educación, un largo siglo de estabilidad y de principios educativos indiscutibles así como su expansión por todo el orbe de este imperio militar, social y económico, que desencadena una auténtica britanización, entendida como cultura o identidad, de gran parte del orbe, desarrollándose un proceso que a nivel de los valores sociales hemos de definir como aculturación.

Por su parte, la educación física, desde su realidad continental, es un principio educativo coparticipado por diferentes culturas europeas en las que la estabilidad política y la orientación educativa única, no es precisamente su valor más destacado; sin  temor a equivocarnos, podemos asegurar que la educación física es hija de las mil crisis sociales y políticas que sacuden a la Europa continental desde finales del siglo XIX, hasta casi finales del siglo XX. Influencias culturales de todo tipo, modelos educativos diversos, religiones diferentes, guerras y enfrentamientos sociales, han sido el catalizador de una forma de entender la educación del cuerpo que pasando por escuelas y movimientos diferentes a través de Europa han cristalizado en las diferentes corrientes existentes en la actualidad y que fiel a sus tradiciones mantiene como objetivo a la salud y a la calidad de vida como horizonte.

2. La sportificación de la sociedad.

Podemos asegurar, sin temor a equivocarnos, que una de las consecuencias del mega-desarrollo del deporte en la sociedad occidental ha sido la sportificación de la misma. Este concepto no supone la existencia de una sociedad practicante de deportes o actividades físicas, sino que adopta determinadas señas de identidad externas y de comportamiento o lenguaje que son propias del deporte. No se trata tanto de ser un practicante de actividad física, sino de ser reconocido como poseedor de una forma de ser identificable como sportiva.

La sportificación de la sociedad, no obstante, ha de ser entendida en una doble condición, de una parte la ya mencionada de identificación con formas de ser y entender la vida, pero también, en el sentido literal de la práctica deportiva, desde la superación de los viejos esquemas del deporte ortodoxo y tradicional, por la más flexible aplicación del concepto deporte para todos como una opción real de acercarse a los beneficios de la práctica de actividades físico deportivas sin intención competitiva o formal. En este sentido, es preciso señalar, que la sociedad civil, ha roto con el monopolio de los clubes deportivos tanto sociales, privados y tradicionales, como los públicos generados por los poderes públicos como una forma de proyección y control político y ha desbordado las previsiones más optimistas de desarrollo de la actividad deportiva que podrían haberse formulado en los setentas u ochentas.

Las consecuencias previsibles de este fenómeno serán, sin duda, la democratización de las viejas y obsoletas estructuras del deporte, ancladas en modelos tradicionales e inmovilistas de escasa utilidad social. En este sentido, a la deportivización del deporte, debería suceder una desdeportivización del deporte.[5] Al establecer estos dos conceptos, Crum se está refiriendo a la necesidad de reducir el esfuerzo económico, social y político, empleado en el deporte de elite, como una reacción contra este deporte meritocrático, en beneficio de una idea más democrática y más en consonancia con la idea del deporte para todos. Posición esta que, estaría mucho más en relación con las orientaciones de la sociedad actual y con valores del postmodernismo como: autorrealización y salud, narcisismo y hedonismo, deportes alternativos, recreación, aventura, mejora de la condición física, etc.

Volviendo a nuestra idea original en la que definíamos la situación del deporte como una hidra de infinitas cabezas en la que el concepto deporte ha generado y dado lugar a una larga serie de formas de entender el deporte en el que cada una de las tendencias o sistemas, se vuelve a subdividir en otra larga serie de nuevas modalidades, sin solución de continuidad, de tal manera que cada uno de ellos se presenta como una especie de tienda con diferentes ofertas de artículos, con diferentes y nuevas reglas, para nuevos y diferentes clientes que, a su vez, poseen diferentes tipos de expectativas.

Esta discusión generada por Crum, nos llevaría, indefectiblemente a tres cuestiones claves a tener en cuenta:

a) ¿Qué referentes o modelos deportivos hemos de tener en cuenta para educar en valores?

b)¿Cuáles serían los valores a trasmitir?

c)¿A quiénes compete esta función de educar y como ha de hacerse?

En cuanto a los modelos, de acuerdo con Crum, es posible identificar fácilmente los siguientes:

a) Deporte de elite, cuyos factores dominantes están absolutamente claros: estatus y dinero, mercantilismo y necesitado de deportistas profesionales o semiprofesionales.

b) Deporte competitivo, como un reflejo fiel de los viejos modelos originales del deporte. En este caso la motivación es la excitación y el stress de la competición, relajación y contacto social.

c) Deporte recreativo cuyos referentes son: relajación, amistades, salud y ejercicio, etc.

d) Fitness, por lo general es un deporte de práctica individual y solitaria en el que la motivación esencial es la mejora de la condición física y cuya promoción se realiza a través de agencias o clubes privados de aeróbic, jogging, etc.

e) Deporte de aventura cuya motivación es clara: aventura, riesgo y excitación. Cada vez más comercializado, capitaliza actividades complejas como: trekking, rafting, escalada, paracaidismo, etc.

f) Deporte de placer, incluimos en este grupo aquellas prácticas cuya orientación es el placer sensual físico, casi siempre organizado por empresas, en las que los motivantes clásicos suelen ser: sol, mar, nieve, sexo, velocidad y placer.

g) Deporte cosmético; en este grupo cabría incluir todas aquellas actividades y prácticas cuya orientación más clara es la mejora o la modificación de la apariencia física, casi siempre sujeto a las ofertas comerciales: body-building, modelado, y todo lo relativo a los tratamientos de belleza como bronceado, masaje, etc.

A partir de esta diferenciación de familias o formas de entender el deporte, estamos ante una coyuntura difícil. Ciertamente que el concepto de educar a través del deporte y que tipos de valores era preciso y posible desarrollar a través de él estuvieron claros hasta bien entrados los ochenta, sin embargo, las crisis y la evolución social del deporte, junto con la ya aclarada sportificación de la sociedad, han dado al traste, en apenas un par de décadas, con ideas, principios y valores que creíamos firme y solidamente asentados.

Otra cuestión clave, es aclarar cuales de estos modelos están ya presentes en nuestra sociedad y cuales de ellos están por llegar, teniendo en cuenta que, muchos de ellos dependen tanto de factores económicos como de intenciones y voluntad política y, por la misma razón, cuales de ellos son modelos con tendencia a desaparecer y cuales serán los emergentes en el momentos que los actuales destinatarios de la acción educativa hayan de enfrentarse, como ciudadanos responsables con libertad de escoger, a una práctica de actividad física concreta.

A las innumerables interrogantes que se abren tras esta diferenciación interna del deporte solo cabe, como posibilidad, remitirse a la escuela y a la teoría educativa ética y deontológicamente fundamentada para que se establezcan las posiciones educativas ante cada fenómeno y se definan los valores consecuentes a cada uno de estos modelos. De acuerdo con ello, y desde una posición educativa y de salud, sería importante establecer actitudes ante cada uno de los modelos referidos: Fig 3

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El diagrama pretende representar las situaciones de equilibrio, en cuanto a la educación en valores, atribuibles a cada uno de los modelos. La cuestión es esencial para entender cual ha de ser la posición educativa frente a cada uno de los modelos deportivos que, a menudo, se presentan con poca nitidez y sobre los que debería realizarse una eficaz acción educativa claramente diferenciada y fundamentada en cuanto objetivos y contenidos.

Un ensayo sobre la instrumentación didáctica de cada uno de estos modelos, servirá para aclarar cuales serían los puntos fuertes y débiles de cada uno de ellos en relación con la educación en valores estableciendo, por tanto, un criterio ético y deontológico sobre la inclusión u orientación de uno u otro modelo en el currículum escolar ó extraescolar.

El problema, en este caso, sería determinar en que medida la posición social sobre el deporte, mundialmente considerada, es resultado de los procesos educativos intencionales y en que medida estas posiciones sociales están mediatizadas por los medios de comunicación y por la práctica o experiencia personal informal y, una tercera vía, cual sería el resultado y por tanto la posición final que sobre el deporte, tendrían los colectivos sociales a la hora de abordar su participación en la cultura del movimiento.

3. ¿Globalización o liberación?

La globalización, como fenómeno contemporáneo tiende a ser entendida como una especie de plaga o mal necesario e inevitable producto de la aceleración de los tiempos, de la revolución tecnológica y de la comunicación. Desde mi punto de vista, el carácter multidimensional que he explicado y que define al deporte contemporáneo, no permite hablar de globalización; pero tampoco es aceptable negarla. Dicho esto procede que señalemos como característica propia el que hay aspectos del deporte que ya están globalizados desde la época de la guerra fría, como los relacionados con la proyección política y económica del fenómeno, otros que forman parte de esa globalización como los aspectos mercantiles relacionados con los equipamientos y las marcas, otros mediatizados por el férreo control federativo y los clubes de grandes barones del deporte y, finalmente los relativos al espectáculo en los que participan deportistas y grandes clubes, en torno a oscuros intereses y planteamientos económicos.

Solo en el deporte institucionalizado, es posible aplicar hoy día la vieja expresión política del “atado y bien atado”. Pues bien, si los aspectos globalizados del deporte corresponden a los grandes planteamientos e intereses, ¿cual sería el papel que correspondería representar a la ciudadanía? Sin duda alguna la liberación.

El proceso de liberación del ciudadano de la tutela y control de las instituciones del deporte, ha comenzado ya, hace casi una década, en los países democráticos. Ciertamente esta liberación no es posible en aquellas partes del mundo donde el deporte es un instrumento político al servicio del estado y sometido a control férreo tanto personal como ideológico por comisariados políticos.

La liberación del deporte surge de la rebeldía frente a la imposición y repetición de modelos, como hemos dicho, ligada al postmodernismo. El deporte, en nuestros días, ha comenzado a dejar de ser meritocrático y rígido y para comenzar a ser humanizable y  democrático. Es cierto que el deporte espectáculo va a seguir siendo una industria pujante; sin embargo, no es menos cierto que sus propios errores y lacras están permitiendo esa reflexión crítica y liberadora que orienta a los ciudadanos a ser actores en lugar de espectadores y a la valoración de la práctica personal como forma de participar en un nuevo modelo cultural del que las actividades físicas forman una parte esencial, precisamente en lo que denominamos cultura del movimiento.

Como conclusión podríamos señalar que la globalización del deporte espectáculo ha generado un efecto de péndulo que genera una nueva forma de entender las relaciones humanas desde una forma de ser deportiva y democrática, que llamamos cultura del movimiento pero cuyo factor de globalización se encuentra impedido por modelos socioculturales y religiosos en unos casos y por ausencia de libertades en casi todos; por ello, y desde aquí entiendo la liberación como alternativa de progreso sobre el deporte, mientras que el deporte es posible y triunfa en modelos sociales totalitarios, la cultura del movimiento de la que el deporte no es otra cosa que un elemento más, solo es posible en situaciones de plena democracia y del respeto a los derechos y libertades, por lo que su avance hacia la globalización dependerá del avance de las libertades y de la liberación del cuerpo.

Conferencia  Dictada en Congreso Internacional. Deporte y Globalización

Universidad Europea – Madrid,  Mayo- Junio 2005

 Referencias:


[1] VIZUETE, M.: Euroeducación física. Encuentro de culturas.en Actas del III Congreso Internacional de Educación Física e Interculturalidad. Díaz Suárez, A. (Coord.) Rodríguez García, P.L. y Moreno Murcia, J.A. Murcia 2002. Consejería de Educación y Cultura. CD.

[2] SIMSON, V. & JENNINGS, A.: The Lords of the Rings. Power, Money & Drugs in the modern Olympics, London, Simon & Schuster , 1992

[3] ECO, U.: Apocalípticos e Integrados, Barcelona 1985. Ed. Lumen

[4] VIZUETE, M.: La educación física, el deporte y el poder político en el diálogo Norte-Sur. En  La Educación Física en el siglo XXI, Actas del Primer Congreso Internacional de Educación Física, Madrid, Fondo Editorial de Enseñanza (FEDE), 1999          pp. 75-93

[5] CRUM, B.: The sportification of the society and the internal differentiation of sport. Conferencia impartida en el seno del Congreso FISU “Change and the human dimension of Physical Activity” Buffalo, NY, USA – 8-11 Julio de 1993.

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