EL CONTEXTO HISTÓRICO Y POLÍTICO DEL DESARROLLO DE LA EDUCACIÓN FÍSICA EN ESPAÑA. DE LA GIMNÁSTICA HIGIÉNICA A LA GUERRA CIVIL. ( 2 )

Prof. Dr. Manuel Vizuete Carrizosa
Maestro de Enseñanza Primaria – Licenciado en Educación Física – Licenciado en Geografía e Historia – Doctor en Historia Contemporánea. Catedrático de Universidad. Líneas de Investigación: Didáctica de la Educación Física. Producción Materiales Didácticos. Historia, Política y Filosofía del Deporte. Formación del Profesorado. Fundador de La European Union Physical Education Associations (EUPEA) Comité de Expertos del Consejo de Europa. Coordinador del Foro Hispanomexicano de la Educación Física y el Deporte.

DE LA GIMNÁSTICA HIGIÉNICA A LA GUERRA CIVIL.

La sociedad española de finales del XIX y principios del XX ante el problema de educar el cuerpo.

La idea existente en cuanto a la educación física en los distintos ambientes políticos y sociales de la época, preocupados por cuestiones de fondo educativo y social, tiene que ver con la tradición filosófica aristotélica del cuerpo como sombra del alma retomada por la iglesia, a partir de los filósofos neoplatónicos, y con la inevitable repercusión de estas prácticas en un mundo educativo incapaz de aceptar igualdades y diferencias, así como el conocido manoseo de una famosa cita atribuida a Juvenal, traída por los pelos y que, sorprendentemente, ha hecho fortuna hasta nuestros días[1] 

Teniendo en cuenta que, tanto en el campo educativo como en la ciencia médica, el cuerpo y su educación habían sido contemplados tradicionalmente desde la distancia establecida por la Iglesia, y que el concepto había venido evolucionando a golpes de fe, no debe resultar extraño que la primera iniciativa legal sobre la implantación de la Educación Física en España, proceda del campo progresista y liberal y que no esté exenta de cierto aire subversivo[2].

La iniciativa se lleva a cabo en dos intentos: una primera propuesta del diputado De Gabriel en 1879, y una segunda propuesta de D. Manuel Becerra en 1883, ambas, con el propósito de introducir en España las actividades físicas con intencionalidad educativo-social, acción, que no puede considerarse un hecho aislado u oportunista de determinada clase política, necesitada de aportar novedades que justificasen su progresismo, sino que ha de contemplarse dentro de una serie de iniciativas legales que responden al cambio de la sociedad española de finales del XIX. Cambios, en los que intervienen como protagonistas destacados hombre públicos que, a su vez, se identifican con los movimientos educativos y culturales que tienen lugar en el momento de la Restauración, todos ellos, con gran trascendencia pública y política, y que son el inicio de una de las más importantes líneas del pensamiento progresista de gran repercusión sobre la vida  pública y la educación española contemporánea.

Los hechos políticos más determinantes tiene lugar tras la Restauración, cuando, de nuevo, nombrado ministro Orovio por Alfonso XII reanuda  la política represiva sobre la Universidad -que ya le había valido el título de marqués en 1865 con Isabel II- y que en 1875, culmina expulsando de sus cátedras a Castelar, Salmerón, Azcárate, y a otros políticos destacados, los cuales, junto con Giner de los Ríos, tienen una importancia decisiva en la creación de la Institución Libre de Enseñanza, motor de los cambios pedagógicos y de los planteamientos educativos más sobresalientes de la historia contemporánea española. La conexión escuela-vida que defiende la Institución Libre de Enseñanza, favorece la implantación de la teorías higiénicas y de las de vuelta a la naturaleza que pretendía el naturalismo pedagógico roussoniano que, como hemos visto, es el origen de las teorías y escuelas de educación física: el excursionismo, la práctica de juegos populares, la formación de equipos, etc., que el propio discurso de los maestros y teóricos de la Institución defienden, generaron en la sociedad española una conciencia clara de la necesidad y de una nueva valoración de la práctica de los ejercicios físicos como medio de educación, hecho que tiene una repercusión notable entre las clases intelectuales y progresistas de finales del XIX  y de principios del pasado siglo.[3] 

La teoría pedagógica y educativa de finales del XIX y principios del XX, en manos de la Iglesia, no deja lugar a dudas en cómo ha de plantearse la educación del cuerpo, la aludida cita de Juvenal aparece de forma continuada y repetida en boca de todos los teóricos de la educación, desde el Padre Manjón a Rufino Blanco, y si poco indicada está la cita, mucho peores son los planteamientos de la educación del cuerpo que se hacen partiendo de la misma. Pío X- 1908-, desde este punto de vista, no tiene inconveniente en desdoblar al ser humano a la vez que realiza una particular interpretación del ocio.[4]

El cuerpo y las actividades físicas en la cultura española contemporánea hasta 1931.

Cualquier cambio en los procesos educativos de los pueblos se percibe siempre como algo subversivo, con mayor motivo, si estos cambios pretenden innovaciones profundas en las ideas y en las escalas de valores que se habían mantenido como indiscutibles durante cientos de años, en este caso además, rozando lo sagrado, los tabúes sociales y familiares, etc., y todo ello, en un tema tan próximo, tan íntimo si se quiere, como es el propio cuerpo.  Esta es la causa, por la que las conquistas de la educación física en la sociedad contemporánea española, en los primeros momentos, se llevan a cabo fuera de las instituciones educativas que se encuentran bajo el control de la Iglesia y muy a pesar de ella. La enseñanza pública será donde desde principios de siglo, se pongan en práctica las iniciativas legales sobre el tema y serán los aristócratas, militares y extranjeros, o las clases desposeídas, sobre las que la Iglesia no alcanza a ejercer un rígido control ideológico, a las que, cada una en su ámbito, se encargarán de difundir y popularizar las actividades físicas.

La milicia, a la que hemos considerado como uno de los pilares fundamentales del desarrollo de las actividades físicas, se encuentra en España a finales del XIX anclada en las teorías del orden cerrado y del blocao africanista de defensa estática, confía mucho más en valores supuestamente morales y de tipo racial, la furia hispánica, que en la ciencia militar moderna y en los efectos de la mejora de la condición física por procedimientos científicos.[5] El problema de la salud del soldado, como puede apreciarse, no era un tema especialmente preocupante en el ejército español de principios del siglo XX.[6] 

Las propuestas liberales de finales de siglo por tanto, abren un camino, más importante en la intención política y en la difusión que en la puesta en práctica de las ideas. La educación física comienza a partir de este momento, una peculiar andadura de la mano de distintas corrientes pedagógicas, aunque siempre ligada a  la educación y a la milicia. 

La creación de instituciones de Educación Física en España, aparece siempre asociada a momentos de la vida pública en los que el progresismo político tiene relación directa con la aparición de movimientos educativos, o de nuevos planteamientos en educación. Siempre, en la órbita liberal y abiertamente enfrentados al concepto patrimonialista de la educación, de tal manera, que las prácticas gimnásticas e higiénicas se convertirán en las señas visibles de las nuevas ideas educativas.

Este carácter de abanderada del progresismo, junto con su acción liberalizadora sobre el cuerpo, será lo que dará lugar a los múltiples vaivenes de la educación física, a sus entradas y salidas de los planes de estudios y de las orientaciones educativas en mayor medida que los de cualquier otra materia de educación, siempre, dependiendo de la alternancia política de conservadores y progresistas en la política española.


[1] La cita de Juvenal dice:  A fin de que  en toda ocasión que puedas ofrecer algún voto, las ofrezcas en sus templos una víctima con los intestinos sagrados de  jabalina blanca, pide para que así sea, un alma sana en un cuerpo sano. Es evidente que por mucho que quiera forzarse el sentido del texto original, al referirse a la jabalina, Juvenal se refiere al animal y no al aparato atlético, ni a ninguna intención educativa. Cita tomada de PASTOR PRADILLO J.L.:  De la crianza ortodoxa a la educación física, Actas del IX Congreso Nacional de Educación Física, Universidad Autónoma de Madrid, Segovia 1993, pp. 108.

[2] Ley creando la Escuela Central de Gimnástica Higiénica Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados, 10 de julio  de 1879.

[3] LAPORTA, F.: Fundamentos de la pedagogía institucionistaLa Institución Libre de Enseñanza , Cuadernos de Historia 16, Madrid, nº 168, 1985.

[4] Porque mientras os ejercitais corporalmente, descansa vuestro espíritu y porque al ocuparos de vuestros ejercicios huís del ocio que es el padre de todos los vicios y vuestras fraternales emulaciones os ejercitan en la virtud ……….

 Citado por BLANCO, R.: Teoría de la Educación, Madrid, Ed. Hernando, 1917, pp. 368.

[5] Real Decreto de 29-12-1919: Creando la Escuela de Educación Física. Ministerio de la Guerra. Diario Oficial: nº 292 de 30-XII-1919.

[6]  El número de españoles aptos que emigraban para escapar del servicio militar aumentó aparentemente después de 1.900. No habían mejorado las condiciones de vida en el ejército: la comida era aún notoriamente miserable y los cuarteles estaban frecuentemente poblados de parásitos. Debido a la falta de alimentación conveniente y de cuidados médicos, muchos de los soldados se hallaban en malas condiciones físicas.»  La frecuencia de la tuberculosis era mayor en el ejército español  que en cualquier otra fuerza europea de la que se dispusiera de estadística,  a principios de siglo, el ejército español no había fijado todavía normas mínimas de peso y anchura de pecho. De tal manera que el nivel teórico de nutrición de los Tercios de 1600, en virtud del cual cada hombre debía tener raciones diarias de dos libras de pan, una libra de carne y una botella de vino, era claramente superior al del ejército español de 1900. GONZALEZ DELEITO, F.: Corazón y Ejercicios Físicos.

 La campaña de Melilla puso de manifiesto que los servicios médicos habían mejorado poco desde el desastre de Cuba. Durante los primeros meses de 1910, casi la sexta párte de soldados de la zona de Melilla fueron incluidos en listas de enfermos. De Fernández Almagro – Alfonso XIII, pag. 156,  Citas tomadas de PAINE, S.G.:- Los militares y la política en la España contemporánea, Madrid, Ibérica de Ediciones y Publicaciones,1986, pp. 103 y 126.

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